Yo te condeno

Cuando discernía con toda paz mi vocación, hace 5 años, cuando recién pude hacerlo porque Figari estaba lejos, tuve mi primera y única experiencia de oración y encuentro con el Señor donde escuché claramente su voz y, a diferencia de otros momentos de oración sentí una paz increíble. Allí entendí que mi vocación era al matrimonio, con libertad y conciencia estaba determinado a ser consecuente con este llamado y lo fui informando a las autoridades del SCV, no pedí consejo sino informé.

Cuando fui a visitar a quien fue mi director espiritual durante los 10 años más duros de mi vida, durante los cuales viví una “esclavitud moderna”, como ha querido llamarla la Comisión de Ética para la Justician y Reconciliación, él me recibió y volvió a repetir lo que me dijo en muchas ocasiones:

“eres un mártir por todo lo que soportaste con Figari”.

Esta vez me lo dijo acentuándome que Figari me había hecho tanto daño que yo ya no podía vivir en una comunidad sodálite, sin embargo, él afirmó pontificando:

“estoy seguro que tú tienes vocación a la vida consagrada y comprendo que tengas que salir del SCV, sin embargo, seguirás teniendo vocación y no creas que algún día yo te casaré porque sé que tienes vocación a la vida consagrada y si te caso actuaría como un payaso ante Dios y yo no soy un payaso “

No le tembló la voz y en mi interior yo entendí claramente que él me condenaba a la infelicidad y me desechaba como un trasto inservible porque había sido dañado por Figari y ya no servía para ser sodálite.

Ese sacerdote soberbio y de corto entender no era capaz de albergar en su corazón una pizca siquiera de la Misericordia divina y me condenó al fracaso en la vida. Según su criterio, el de Figari y otros tantos, lejos del SCV todo es desolación y sufrimientos. Ese fue el mensaje que me transmitió con una autosuficiencia absoluta.

Aquel sacerdote se hizo Dios mismo en la tierra y me condenó a vivir con una supuesta vocación que él veía con claridad y que yo no podía vivir. ¿Y la experiencia de oración que narré al inicio de este escrito? Mi encuentro con Dios, ¿tuvo algún valor para este ser humano?

Esa era la “teología” de la vocación sodálite. Aquel misterio íntimo donde Dios llama personalmente, de uno a uno, a quien escoge para servirlo en la vida consagrada, para el SCV es un fenómeno de a tres: el sodálite, Dios y la persona “llamada”, donde el primero es prácticamente un semi Dios. ¡Cuánto daño hizo y hace esta manera de pensar! ¡Cuánto se abusó del poder y de la confianza otorgada!

Quien es cristiano lo entiende así y quien no, entiende que una decisión tan importante como empezar a formar parte una comunidad de vida consagrada debe tomarse con madurez y absoluta libertad. Esto no se respetó en el SCV en muchos casos. No solo en quienes entramos manipulados y engañados sino también en quienes no entraron y tuvieron que vivir con el peso de una condena por traicionar a Cristo, dictaminada por quien le “hizo apostolado”.

Muchos sodálites condenaron a quienes salieron del SCV como traidores e infieles y juzgaron el corazón de quienes no accedieron a entrar como débiles y cobardes, además de traidores. Si Jesucristo no condenó a Pilato, ni a Judas, ni a quienes lo azotaron y colgaron en una cruz, ¿por qué un sacerdote o un laico consagrado podría condenar a alguien por el solo hecho de no obedecer a sus designios y seguir la voz de su conciencia?

Como se puede ver, no solo Figari es un abusador sino otros tantos que aún permanecen dentro del SCV y de los cuales no hay sino signos de estar siendo protegidos y encubiertos. ¿Dónde queda la justicia y la prevención de abusos para lo cual el SCV pagó miles de dólares a expertos extranjeros que vinieron al Perú para dar conferencias a los sodálites y enseñar a prevenir más abusos? ¡Basta ya de impunidad y encubrimiento!

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