Violación de derechos fundamentales

La Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, convocada —y desconocida— por el SCV dio a conocer a la opinión pública su informe final sobre el encargo que le dio esta institución bajo las siguientes premisas:

Desde las premisas bajo las cuales se formó, la Comisión resultó ser muy incómoda para el SCV, MVC y muchos miembros de la “familia sodálite”, porque ellos se basan en la premisa opuesta de que “la verdad prescribe”, lo que se manifiesta  en el hecho de querer dejar atrás lo sucedido con Figari y otros miembros del SCV, o dar vuelta a la página, o “no hacer más daño a la Iglesia”, o “no victimizar más a las víctimas” con el recuerdo de lo sucedido, etc. Pero definitivamente, eso de “buscar la verdad” (premisa 2) es inútil y causa un dolor inncesario.

Por otro lado, nótese que la misión encomendada por el SCV a la Comisión implicaba establecer “cuál es el medio más razonable para resarcirlo [el daño] en la medida de lo posible“, lo cual —me consta claramente— el SCV también desconoció.

La tercera premisa aclara que la Comisión no tiene como misión ejercer la justicia, puesto que eso le corresponderá —dependiendo del caso— a la justicia civil, penal o canónica. Por lo tanto, hay varios casos en los que miembros del SCV deben enfrentar la justicia que se aplique al crímen o falta cometida.

Finalmente, en cuanto a las premisas, la cuarta da una clave muy importante en cuanto que el trabajo que realiza la Comisión es totalmente independiente del SCV, de esta manera se garantiza su objetividad e imparcialidad, puesto que este conjunto de notables no busca favorecer a ninguna de las partes sino tan solo —lo cual es mucho— mostrar la verdad (quién causó daño, a quién se lo causó y qué daño le causó).

La Comisión, ente autónomo e independiente, analiza desde afuera no al SCV sino los males cometidos por el SCV y encuentra que se establece una “cultura interna” —a la cual he llamado subcultura—, bajo la cual se dan muchos abusos y maltratos. Esta subcultura es ajena a las Constituciones del SCV y, se supone, los años previos a la aprobación de este documento rector de la esencia, vida y misión del SCV, debieron ser de vivencia de un “carisma” que luego se plasmaría en las Constituciones, sin embargo, no fue así, los años previos son muy —por usar una palabra “políticamente correcta”— polémicos, llenos de cuestionamientos por abusos y maltratos cometidos por Figari y otros miembros de la cúpula de poder —la gran mayoría de los cuales siguen siendo miembros del SCV y obstruyen con su silencio y presencia cualquier proyecto de “renovación” al interior de la institución—.

Para el momento de la aprobación de las Constituciones el SCV tenía en sus filas a dos abusadores sexuales compartiendo el poder de gobierno de toda la institución —Figari y Godoko—, además de otros como DMW o JDV que luego se sabría que cometieron actos violentos contra niños y adolescentes. Van 4. ¿Cuántos más hay dentro aún de los cuales no se sabe o que, pese a las sospechas y acusaciones, permanecen sin ser suspendidos o expulsados? Sin embargo, para los expertos fanáticos conocedores del “Plan” de Dios y profundamente compenetrados con la dolorosa “dinámica” del pecado, nada esto es suficiente para pensar siquiera como hipótesis que el SCV no constituye un carisma espiritual nuevo y poderoso, querido por Dios para salvación de muchas almas. Tienen ojos pero no ven y no quieren ver.

Ahora, lo que encuentra la Comisión no son simples indisciplinas, pecados o errores sino “abusos que atentan contra los derechos fundamentales de la persona“, por los cuales, en el mundo real —no en la burbuja idílica del SCV— las personas tienen que enfrentarse a la justicia y —muchas veces— ir a la cárcel y pagar millonarias reparaciones civiles. Frente a este informe el SCV “se hace el loco” apoyado por la cultura de impunidad y fanatismo que está presente en muchos miembros del MVC y de la “familia sodálite” que silenciosamente se hacen cómplices pensando que estos “errorcillos” del pasado ya quedaron atrás y que el SCV ha cambiado. Esta actitud es cerrada a la realidad de una manera escandalosa, pues, el informe de la Comisión habla de hechos cometidos durante más de 25 años y el rechazo —consciente de la veracidad de los hechos descritos— por parte del SCV es muestra clara de que convive aún una actitud de abuso y atropello de derechos tan fundamentales como el derecho a la verdad y a la justicia, a que se reconozca públicamente y en privado el crimen cometido y se repare —no como le dé la gana al SCV sino como corresponde de acuerdo a ley— a las víctimas.

¿Qué falta hacer para que el SCV reconozca el informe final de la Comisión? Si con este trabajo humano actúa así, ¿no hará lo mismo con las páginas incómodas de la Escritura?

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