¿Son suficientes las buenas intenciones?

¿Por qué la Comisión considera necesarios los lineamientos para la formación y la vida en comunidad? La necesidad de lineamientos se puede explicar por la presencia de patrones en la conducta de quienes estuvieron a cargo de la formación de los aspirantes al SCV y de los superiores al interior de las comunidades sodálites.

Estos patrones reflejan una línea conductora que se caracteriza, entre otras cosas, por generar dependencia emocional, eliminar el juicio crítico con respecto a las autoridades —obediencia ciega—, sumisión, desprecio de los sentimientos frente a la razón, socavar la autoestima, generar pensamiento colectivo, desprecio de la familia, etc.

Los elementos mencionados parecen responder a un método y por ello es que la Comisión denuncia la ausencia de dicho método en espacio público. Es decir, si existe un maltrato sistemático de los aspirantes y sodálites que viven en comunidad, ¿sobre qué se basa esta conducta?, ¿por qué se esconde la pauta que se sigue para “formar” de esa manera a las personas?

La respuesta tiene mucho que ver con el estilo de vida de Figari: desordenado, autosuficiente, caprichoso y narcisista y de ideas radicales vinculadas a la consecución del poder. Es decir, no existía método escrito sistematizado —académicamente hablando— porque, de existir algo así, sería incapaz de resistir una crítica seria de cualquier especialista en psicología, psiquiatría, educación o formación de jóvenes. El método sodálite no era compatible con el respeto a los derechos fundamentales de la persona ni con la doctrina de la Iglesia.

Tan fuerte es lo dicho sobre los inexistentes lineamientos de acción que se hubiese esperado una respuesta de la institución sobre esta materia. Sin embargo, no la hubo. Lo que queda hoy, como método educativo sodálite y su aplicación a la formación de candidatos, es simplemente un conjunto de elementos inconexos que no pueden unificarse entre sí, porque lo que fue su columna vertebral —Figari— ha sido extirpada.

Si la ideología de Figari realmente fuera un carisma inspirado por Dios entonces habría un fundamento que podría dar unidad a muchos de aquellos elementos inconexos; sin embargo, no existe tal cosa que pueda considerarse como don del Espíritu Santo para la Iglesia recibido por Figari. La experiencia espiritual de Figari y de sus discípulos amados es del todo inconsistente y está llena de elementos anticristianos que resultan imposibles de integrar dentro de un camino espiritual.

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