Perdónalos porque sí saben lo que hacen

El año 2010 fue muy duro para quienes vivíamos cerca de Figari, sufrimos una presión muy fuerte que produjo mucho daño en nosotros. En mi caso, fue tan duro que llegué a la certeza que esa experiencia de dolor y sufrimiento no podía venir de Dios ni ser parte de algún designio divino. Es así que, al borde de la desesperación y viviendo una desolación absoluta, tomé una decisión radical:

¡Me voy de esta casa! Vivir así me está destruyendo

Ya casi se iniciaba el 2011 cuando, luego de conversar con dos miembros de aquella comunidad a quienes les tenía absoluta confianza (el p. Jürgen y KPB) decidí hablar con Earava. En ese momento Figari ya había “renunciado” a ser superior general del SCV por “motivos de salud”, por eso correspondía que hable con quien asumió su puesto dado que, a diferencia de otras comunidades del SCV en el Perú, la comunidad en la que vivía Figari —Madre del Reconciliador (MDR)— era extraterritorial, es decir, no dependía del superior regional sino directamente del general.

Al entrar al lugar donde me recibió Earava para conversar yo tenía la convicción —para mí, venida de Dios— de que me iba de MDR por las buenas o las malas. Es decir, estaba dispuesto a tomar mis maletas e irme si no me daban permiso o designaban a otra comunidad. Fue una decisión muy dura para mí, teniendo en cuenta que para quienes vivíamos alrededor de Figari como sus esclavos, él y no Cristo era el centro de nuestras vidas. Además, varios de los que sufrían conmigo esta esclavitud eran como mi familia. Sin embargo, yo estaba asustado de lo que podía pasarme si seguía viviendo bajo esas condiciones.

Fui al grano y le dije a Earava que quería que me saquen de ahí porque ya no resistía más y que tenía la certeza de que eso me estaba matando, literalmente.

Desde un par de años atrás recurrí por iniciativa propia a un psicólogo y a un psiquiatra (el primero sodálite y el segundo del MVC) pues no dormía bien. Bueno, ese era solo uno de los síntomas de algo mucho más fuerte y peligroso que estaba viviendo. Nunca me ofrecieron esa ayuda profesional, yo la pedí, y no lo hice antes porque pensaba que hacerlo dañaría de alguna manera a Figari.

Earava, quien estaba muy al tanto de mi situación como también lo estaba mi director espiritual Jubugu y mi superior Ioboeo, me dijo muy suelto de huesos:

Ya sabía que estabas mal y pensábamos sacarte, pero no ahora, antes que a ti íbamos a sacar a “fulano” y “mengano”, pero, dado que lo pides dime a dónde quieres ir a recuperarte un tiempo, la única condición es que nunca regreses al lado de Figari.

Yo me asombré en ese momento de lo fácil que fue salir de MDR y de que ya sabían de mi situación. Después, con el paso del tiempo, se evidenciaría el daño sufrido y tomaría conciencia del grado de responsabilidad que tenían aquellas tres personas y de cómo estaban sacrificándome a mí y a otros más manteniéndonos al lado de Figari, sin que se hiciera nada por nuestra salud ni por remediar aquella situación tan inhumana. La subcultura del encubrimiento se evidenció claramente en tres de las personas más influyentes en el SCV. Según me consta, mi director espiritual sabía sin lugar a dudas que Figari me estaba destrozando y NUNCA hizo nada para evitarlo. Simplemente se me descartó cuando no servía más.

A partir del día que dejé la comunidad MDR empecé a recorrer el camino hacia la libertad. Esta experiencia es análoga a la que tenía desde niño con la Pascua, que significaba para mí luz y esperanza. La libertad recién la recobraría en mayo de 2014, al salir definitivamente del SCV. Este recorrido tomó 3 años, en los cuales aprendí y descubrí muchas cosas sobre mí mismo, sobre el SCV y sobre la vida en general.

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