Obediencia absoluta

Al analizar el numeral 6 del informe final de la Comisión salta a la vista la llamada “posición de dominio“. Si indagamos un poco sobre este concepto podemos encontrar algunas pistas relacionadas al ejercicio de la persuasión, presión velada -manipulación-, amenaza o, incluso, la fuerza para imponer las ideas o creencias sobre otra persona. En este caso, siguiendo el modelo piramidal de poder que se vive en el SCV desde sus orígenes “figareanos”, Figari ejerció este poder sobre sus discípulos amados, enseñándoles algunas técnicas para que luego ellos “conviertan” a otros a la ideología sodálite -no al Evangelio-.

De esa manera se practicó el dominio sobre decenas de jóvenes que eran conducidos a dejarlo -literalmente- todo por seguir a Cristo, como los antiguos discípulos, con la notoria diferencia que, en el caso del SCV, se seguía a un gordo barbón que se autoproclamaba profeta, fundador y receptáculo privilegiado del Espíritu Santo, de quien recibió el don de un nuevo carisma “para la Iglesia”. Obviamente, todo esto no era tan burdo, sino que venía disfrazado del maravilloso traje del ideal cristiano, de la entrega absoluta para conquistar todo el mundo para Cristo, del espíritu de La familia que alcanzó a Cristo (M. Raymond) y de otras novelas épicas cuya lectura era obligatoria para los aspirantes.

La obediencia absoluta era sutilmente inoculada especialmente en quienes estábamos más cerca de Figari, tanto discípulos como sirvientes, al punto que se nos adoctrinaba para dar la vida por el “fundador”, porque los enemigos de la Iglesia querían deshacerse de él y del SCV. Mientras con el lenguaje escrito se mostraba un concepto de obediencia limitada -por los límites de la moral-, con el adoctrinamiento se exigía una absoluta y ciega obediencia ad cadaverem, por la cual se llegaron a cometer abusos sexuales y de todo tipo bajo una vivencia deformada y contradictoria de esta virtud, al punto que se “minimizó o anuló la voluntad de los formandos”.

Quienes vivíamos cerca de Figari participábamos de una “formación” constante, en la cual respirábamos el mismo aire que él y hacíamos eco de sus “inspiraciones”. Las cadenas que llegaron a sujetar y anular nuestra voluntad libre estaban en nuestras mentes y se mantenían sólidas porque recibían diariamente el aliento del “fundador”. En la casa en la que vivíamos -San José y luego Madre del Reconciliador- eran impensable hacer algo que fuera en contra de las ideas y la voluntad de Figari, solo plantearse la posibilidad era un acto de traición y un deseo pecaminosamente impuro, del cual había que confesarse.

La disciplina que debía practicarse al interior del SCV, especialmente en las casas de formación y la casa de Figari, era, como la llama la Comisión, extrema. Es decir, excedía muchas veces el límite de la racionalidad y entraba al ámbito de lo inaudito, como por ejemplo tener que estar siempre acompañado, no poder pensar distinto a Figari, no poder viajar solo a un lugar donde no hubiera una comunidad -aunque hubiese ahí la casa de algún familiar-, no poder decir el nombre de Figari a través del teléfono, no poder vestir shorts, etc.

La moral sodálite, fundada sobre la obediencia absoluta, era mucho más estricta -en apariencia- que la moral cristiana misma. Aunque, lo que sucedía dentro de las cuatro paredes de las habitaciones de algunos sodálites pudiera significar el más cobarde atropello a la dignidad de varios jóvenes que llegaron a perder su inocencia de manos de su “confidente” o “amigo” sodálite.

La obediencia absoluta no es cristiana y si se practicó durante al menos 30 años de la historia del SCV (63%), se debería hablar entonces de que esta comunidad de vida cristiana tenía una “columna vertebral” -como le gustaba llamar a Figari a la obediencia- con una escoliosis muy aguda. Asimismo, entre los miembros más antiguos del SCV estaban los más imperfectos practicantes de esta sagrada virtud de la obediencia, pues, los caprichos y excepciones en la disciplina sodálite eran muy comunes entre los discípulos amados.

Si se tiene una visión holística de toda la estructura del SCV así como de su desenvolvimiento cotidiano, se aprecia a una organización construida para servir los caprichos de Figari y unos cuantos más que gozaban de la poseción del poder. No se puede apreciar una identidad cristiana clara en dicha estructura o sistema sodálite, mas puede apreciarse el deseo de obrar cristianamente en no pocos miembros del SCV, aunque, el adoctrinamiento limita considerablemente el ejercicio de la virtud y produce muchos dramas existenciales, pues, el sodálite honesto y cristiano descubre que su casa -el SCV-, lejos de ser la instancia querida por Dios para santificarse, es el principal obstáculo y escándalo para vivir de acuerdo a Jesucristo.

La historia de los formandos es triste, más aún, si se considera algo obvio: que muchos de estos formandos quedarán deformados en su juicio moral y empezarán a vivir bajo una ideología sodálite que es despersonalizadora y cosificadora, que se orienta a la sumisión absoluta para llevar a cabo los deseos del superior, porque “el que obedece nunca se equivoca, aunque el superior esté equivocado”. ¡Qué peligrosa es la manipulación de la obediencia!

%d bloggers like this: