¡Nos defraudaron!

La Iglesia es humana y divina, según enseña su multisecular doctrina, y desde esa esencia es que se necesita comprender el misterio de una insticución como el SCV, que se considera una “porción de la Iglesia” y un camino elegido por Dios.

Recordemos el relato del Génesis y la caída original, el pecado de Adán y Eva, y pongámosnos en el lugar de Adán. ¿Acaso consideró que la manzana estaba podrida y que le haría daño tomarla? Según la teología cristiana, Adán engañado por la serpiente vio que el fruto era bueno. Él lo “vio” así, pero realmente no era bueno sino que este fruto era la puerta del pecado y de un cambio radical en la historia de la humanidad.

Aún así, Dios -infinitamente bueno en su naturaleza- promete la salvación al hombre. Es decir, el pecado termina siendo causa de salvación. Aquel fruto podrido y causa de perdición, se convierte, por la intervención divina en fruto de salvación. Sin embargo, el fruto -la manzana- no deja de ser la causa de la perdición, no deja de ser un fruto podrido.

Si entendemos esto que es descrito en el Genesis y enseñado por la Iglesia desde hace siglos, aunque no lo creamos o pensemos que es una fábula, ¿por qué no podemos entender que el SCV es un fruto podrido que parece apetitoso a la vista y que, sin embargo, es causa de corrupción para algunos -los de adentro- y de salvación para otros -los de afuera: MVC o “familia sodálite”?

Esta reflexión introductoria es necesaria para muchos fanáticos “emevecistas” y “soda lovers” que creen que el SCV es magnífico y que solo -lamentablemente- tiene algunos violadores y abusadores dentro que, una vez que sean extirpados o que se arrepientan y cambien de conducta, permitirán que el “magnífico” SCV siga dando frutos para la Iglesia. Por más ingenuo que parezca este razonamiento, está presente en la mente de cientos de fanáticos que creen, además, ver con objetividad la realidad y poner en una balanza lo bueno que el SCV trajo a sus vidas, frente a lo malo y, claro, siempre triunfa el “bien”, es decir, el cambio de vida que obtuvo y que hizo su vida más cristiana. Sin embargo, es una ilusión, pues el SCV no es causa de aquel bien sino una persona concreta que formando parte de esa insitutición y aplicando un producto con etiqueta de “católico apostólico y romano” logró ayudar al fanático a generar un cambio, muchas veces a pesar de sí mismo y siempre a pesar de la institución que, aunque no todos lo sepan o lo vean, ha sido causa de perdición para muchos.

Si las palabras de Figari, de Doig o de Baertl te llegaron al corazón y lograron ayudarte a cambiar de vida, da gracias a Dios, disfruta tu nueva vida, sé feliz, pero, no ignores que este trio es el fundamento de una organización donde el abuso y el maltrato físico, espiritual, moral y psicológico fueron -y en mucho, siguen siendo porque en encubrimiento es un abuso- la esencia del SCV, y no la gracia de Dios, la cual hizo maravillas de una organización podrida -recuerda, como de la manzana de Adán-. No olvides que hay cientos de víctimas, personas que lo perdieron todo gracias al SCV -no solo a Figari, Doig o cualquiera de sus miembros- sino al SCV como institución.

La Comisión hace alusión también a los padres de familia que “entregaron” a sus hijos al Señor -a través del SCV-, y lo hicieron con bienes y “dotes” y, algunas veces, haciendo un gran sacrificio. O, familias que se quebraron cuando uno de sus miembros decidió dejarlo todo para entrar al SCV, para luego de unos años, regresar en búsqueda de una familia quebrada y envejecida, volver a buscar una vida perdida, llenos de heridas hondas en el alma, que, en algunos casos, son incurables.

Incomprendidos y solitarios, sin lugar en un mundo que cambió y ahora ve con desconfianza y distancia a quienes años atrás lo abandonaron con desprecio y dolorosas rupturas y renuncias, para vivir la “gran aventura” de seguir a Cristo. Muchachos que regresan al mundo cansados, decepcionados y violados -en el cuerpo, la mente o el espíritu, pero siempre violentados en su libertad. Regresan sin Cristo ni riquezas, sin saber qué es el amor y buscándolo desesperadamente porque nadie vive sin él.

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