¿No habrá llegado la hora de ensayar la verdad?

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Una de esas frases de la “antigua” tradición sodálite se refiere a “ensayar la verdad” y está contextualizada en el acto de evidenciar las falsas respuestas que se han procurado para comprender al hombre y su realidad. Esta aplicación de Figari de una frase del Cardenal Pie, ¿podrá aplicarse al SCV? Es decir, acaso ¿se podrá saber la verdad sobre esta sociedad de vida apostólica?

¿Por qué considero que es importante y necesario mostrar la verdad desvelándola de todo cuanto ha sido puesto para ocultarla? Porque quien ha formado parte de este tipo de instituciones sectarias han sufrido un real abuso y engaño sistemático que solo puede ser sanado con el develamiento de la verdad. La verdad cura las heridas infringidas en el paso por el SCV. Sé que hay más de uno que no está de acuerdo conmigo y, ya lo he dicho antes, piensan que mostrar la verdad es un acto de odio, agresión contra los que aún creen en el SCV, traición a la institución que “dio tanto” por ellos, atentar contra las obras buenas del SCV, dañar a las familias, derramar amargura y resentimiento, etc. Sin embargo, este tipo de actitudes de rechazo son comprensibles en quienes están bajo el influjo del encandilamiento de la ideología del SCV, disfrazada con el Evangelio.

Incluso, purificar al SCV de la sectarización que imprimió Figari y sus cómplices desde el inicio requiere del bálsamo de la verdad y del reconocimiento de todo aquello que tiene que desterrarse de la institución, además de acciones concretas para apartar a quienes viven convencidos del “espíritu de Figari” y están enquistados en una organización que ven como un medio para enriquecerse y ejercer poder sobre otras personas.

Frases del fundador:

  • Humildad es andar en verdad.
  • La medida de la causa que sirves es la medida de la grandeza de tu vida.
  • Sé santo.
  • Perdona mis defectos, pero imita mis virtudes.
  • Me están aguando el vino.

Estas son frases “marqueteras” para consumo del público no para aplicación ad intra de los “hermanos mayores” y Figari mismo. No digo aquí que todos quienes seguían a Figari desde el inicio eran malos y perversos o enfermos como él, sino que habían bebido la cicuta de la “ciega fidelidad al fundador” en mayor cantidad, durante más tiempo y más concentrada, que las generaciones que vienen luego. Una figura que ayuda a entender este fenómeno es la de una estructura piramidal, en cuya punta está Figari e inmediatamente abajo de él la llamada “generación fundacional” conformada por sodálites que ahora están bordeando los 60 años —Figari cumple 70 el 8 de julio de este año—, este grupo de personas son prácticamente irreductibles porque bebieron tanta cicuta que solo un milagro permitiría que el antídoto de la verdad funcionara en ellos.

Sin embargo, quienes están un poco más abajo son los que ahora tienen entre 40 y 50 años, bueno, los que quedan porque muchos de ellos se han ido, que son los que se dan cuenta de por lo menos parte de la problemática y están profundamente decepcionados con las autoridades y con aquella generación de mayores. Muchos de los que se fueron lo hicieron por huir de una institución que consideraron que defraudaba notoriamente sus expectativas y que era incluso un obstáculo para su vida cristiana.

Con el perdón debido por esta generalización, menciono que hay todavía una generación más que es importante, los que tienen menos de 40 años y no saben qué hacer frente a esta realidad confusa, que reciben información ambigua e incompleta por parte de las autoridades y los mayores. Son quienes sufren mucha desolación y hacen todo lo que pueden por confiar. Estos sufren mucho porque no encuentran un camino hacia dentro ni hacia afuera del SCV y, aunque piensen de manera distinta a los mayores y sean en ese sentido “más puros” no tienen la fuerza de voluntad ni las herramientas para obrar en consecuencia a sus pensamientos e intuiciones. Solo les queda esperar al desenlace final de esta historia.

Los que son menores aún son la esperanza del SCV pero, lamentablemente, no pueden volar porque no hay una estructura adecuada para ello. Están atados al suelo con una corta y sutil cadena y tienen el techo muy cerca del suelo. Son volátiles en cuanto creen mucho y saben poco de la verdad.

La base de la pirámide, no necesariamente la menos infectada, la conforman cientos de emevecistas, amigos de miembros del SCV, familiares de sodálites, fraternas o siervas, trabajadores de las obras del SCV o exmiembros del SCV que viven convencidos que Figari es un fundador que cometió algunos errores y, que, librándose de él, las cosas tomarán su curso natural hacia el hermoso horizonte de la santidad. Perdón por el tufillo de ironía, pero es necesario, creo yo, para evidenciar la visión rosa que tienen de la realidad y del futuro.

Soy un convencido de que la gracia de Dios puede transformarlo todo, pero requiere de la libertad del hombre y esta última requiere de la verdad, sin estos ingredientes no podrá fructificar el don de Dios. Esto no es revelado, sino simplemente ejercicio de la razón a partir de la premisa de que Dios existe y es providente. Si le quitamos a Dios a esta argumentación, aún sirve: se puede transformar todo —en cuanto al presente y futuro de la experiencia humana— pero se requiere de la libertad y, esta última, de la verdad, sin estos ingredientes no puede cosecharse un cambio real.

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