Muerte, ¡cuánto te temo!

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La muerte a todos llega, ahora, mañana o pasado, esta llega y arrebata en un instante sueños y esperanzas. Solo quedarán las obras y estas pesarán en la balanza del Juez Eterno.

Esta improvisada prosa, con estilacho medieval guarda las enseñanzas espirituales que enseña la tradición de la Iglesia Católica. Si eres creyente, la muerte te causará temor pues has de encontrarte frente a un juicio donde se decidirá tu destino eterno. Si no eres creyente encontrarás en la muerte el fin de todo y no querrás que este llegue, y le temerás.

En cualquier caso, si tu conciencia está limpia el temor estará acompañado de esperanza o desinterés. Sin embargo, quien tiene la conciencia sucia y cargada de injusticias… ¿tendrá temor simplemente?

Un día Figari enfermó y su médico sodálite —CSV—, a quien le decíamos “Chamán” no pudo encontrar la pócima para curarlo y se tuvo que recurrir a su médico de cabecera, vinculado a la familia espiritual del SCV. Este último es un excelente médico experimentado y de acertadas intuiciones. Es así que se llegó a la conclusión de que Figari tenía que ser trasladado a la clínica, algo que él odiaba, entre otras cosas, por los gérmenes.

Recuerdo perfectamente aquella noche, el carro de Figari —un Passat que se compró nuevo para su uso exclusivo— llegó hasta pocos metros de la puerta de su “zona” —recuerden que la casa tiene 7.000 m2 aproximadamente— para que no tuviera que caminar casi nada. Yo estaba parado cerca de la puerta y, cuando él salía caminando lentamente rumbo al carro, cruzamos nuestras miradas y su expresión se estampó en mi memoria hasta el día de hoy.

La suya no era una simple expresión de temor sino de pánico, un terror profundo se rebalsaba de su mirada y motivó en mí una gran compasión y asombro. Si yo que soy tan temeroso no tenía ese grado de temor a la posibilidad de la muerte, cómo el gran Figari podía sentir pánico.

Este era el año 2010, cuando Figari fue operado de la vesícula y casi muere en el quirófano. Luego de lo cual se recuperó muy bien, entre otras cosas, gracias a mi ayuda y a mis ensayos de nutricionista que tenía que realizar a la perfección bajo la supervisión de su médico de cabecera. Tenía que anotar cada proteína y caloría que ingería, bajo un balance exacto para ayudar a que su recuperación fuera óptima. Fue un tiempo de mucha presión para mí y, soy sincero, sufrí mucho, al punto que llegué finalmente a entender que este tipo de vida no era algo querido por Dios, definitivamente no podía ser el “Plan de Dios” y esta experiencia sería el punto de inicio de mi salida del SCV.

Sentí una gran frustración porque no se nos permitía visitar a Figari en su suite en la Clínica San Felipe. Yo, que me sentía tan cercano a él, solo pude verlo una vez de todo el tiempo que estuvo allí recuperándose —varias semanas—. Quienes estaban permanentemente con él eran Ioboeo y KPB.

Quienes han seguido la historia del SCV en estos últimos años y son perspicaces deben haber notado que lo que narro fue en el 2010, el mismo año en que Figari renuncia a su “eterno” cargo de superior general. Sin embargo, cuando él renuncia su salud era buena y estable, yo diría, con un pronóstico de vida mejor que antes de la operación pues, debido a esta tenía que ordenar su vida y mejorar su desordenado hábito alimenticio. En el tiempo de recuperación hasta recibió atención psiquiátrica —a domicilio— por depresión, como consecuencia del daño causado a sus habilidades intelectuales por la anestesia durante la operación. Por lo cual, física y psicológicamente estaba mejor que antes. Por lo tanto, la renuncia a la dirección del SCV por motivos de salud no puede ser cierta.

A mis lectores les doy un tip de comprensión. Siento decirlo, pero entenderán mejor lo sucedido en el SCV si ven a esta institución como una secta y no como una sociedad de vida apostólica de derecho pontificio aprobada por San Juan Pablo II. No se esfuercen en entenderlo de una manera “espiritual” o dentro de los parámetros de la Iglesia Católica pues mucho de lo que he dicho y diré está fuera de dichos parámetros organizacionales. El SCV fue concebido como una proyección de la compleja —y acomplejada— mente de Figari para servirse a sí mismo y no a la Iglesia ni a la sociedad. Si hay obras y personas buenas en el SCV es, literalmente, por obra y gracia del Espíritu Santo y podría considerarse como la sexta prueba de la existencia de Dios —además de las otras 5 concebidas por Santo Tomás de Aquino— y como testimonio de que existe el misterio en la realidad, no es virtud del fundador.

Bonus pack: Por varios años, mientras Figari vivía en San José, su ropa se la lavaban en la casa de sus padres (San Isidro, La Pinta 130) y en una lavandería “pituca” de la zona las camisas y los ternos. Ya se imaginan que había que ir y venir desde Santa Clara (Ate Vitarte) hasta San Isidro para dejar ropa sucia y recoger la limpia. Un tiempo después de inaugurarse la casa en el Sol de La Molina, la ropa se la lavaba Ioboeo en esa misma casa (ropa interior, medias, ropa de cama y pantalones) y algunas cosas iban a la lavandería.

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