¡Maldita incoherencia!

Related imageCondenar el defecto y no a quien lo padece: ¡Maldita incoherencia! la que vivía Figari en los años 80 del siglo pasado. Desgarra el corazón saber que mientras este personaje daba su “Catequesis sobre el Amor” en la Basílica de San Pablo de Extramuros (Roma, 14 de abril de 1984), sus víctimas de abusos sexuales recogían los pedazos de su dignidad y honor atropellados por un traidor a la humanidad y al misterio del amor humano. Figari en esos años cometió muchísimos abusos, incluso sexuales, experimentó con las mentes de las personas manipulándolas según sugerían sus lecturas esotéricas y los dictámenes de su razón retorcida. ¡Maldita iniquidad! la suya.

En Roma dijo, ante cientos de jóvenes:

Constatar que se habla tanto de justicia y liberación, y que vemos cómo se engaña a las gentes y a los pueblos con falsas promesas, con falsos horizontes mesiánicos, trastocando los procesos sociales en nuevas y mayores opresiones, en nuevas y mayores injusticias.

Profundas sus palabras, posiblemente verdaderas también, pero ¡maldita incoherencia! la suya. Mientras proclamaba estas palabras a los cuatro vientos él engañaba a las gentes con falsas promesas y falsos horizontes mesiánicos. Él mismo se proclamaba mesías de jóvenes de buen corazón que anhelaban con pasión cambiar el mundo, que veían como un cúmulo de injusticias y egoísmo destruían el mundo. El “mundo” de la realidad peruana de los 80, con un terrorismo que había sumido a la juventud en el temor y la desesperanza. En ese “mundo” Figari encuentra decenas de víctimas que escuchan sus palabras y vibran interiormente porque quieren justicia y liberación.

Sin embargo, estos jóvenes lo que reciben del SCV son nuevas y mayores opresiones, y nuevas y mayores injusticias. ¡Maldita iniquidad! No hay palabras suficientes para expresar la terrible frustración que experimenta quien entregó su vida a una institución por más de 20 años, pensando que lo hacía a Dios mismo, y recibió de esta abusos, maltratos y violencia. Sí, muchos fuimos violados en nuestra intimidad más profunda y secreta, allí quiso llegar Figari para sembrar su cizaña disfrazada de buena semilla. ¿Quién repara eso ahora? Existe acaso alguien en el SCV que con humildad y empatía sea capaz de mirarte a los ojos y decirte ¡perdón, hicimos todo lo posible por destruirte la vida durante 21 años!, ¿acaso alguien es capaz de decirte con virilidad ¡ahora haremos todo lo posible por reparar ese daño! Siento decirlo, pero no existe tal sodálite, no hasta ahora por lo menos y no creo que exista.

¡Maldita burguesía comodona! la de aquellos que viven entregados a las pasiones y al egoísmo de sus propias ideas y caprichos, mirándose a sí mismos, vanidosos siervos de su ego, y que disfrazan todo ello con frases bonitas y apelantes para engañar a más personas para que los sirvan como esclavos y darles a cambio de la salvación eterna un sufrimiento asegurado e ilimitado en esta tierra y, sabe Dios, si salvación o sufrimiento eterno.

¿No se han puesto a pensar que quien descubrió a Dios en el SCV lo hizo a pesar del SCV y no gracias a él? ¿Creen acaso que Figari realmente quería “llevarlos a Cristo, bajo la guía de María”? Lo que hasta hoy la evidencia de los testimonios sobre Figari y otros miembros activos del SCV señala como hechos verídicos es estos llevaron a decenas de jóvenes a otros lugares para satisfacer diversos vicios, muy mundanos, por cierto. Lo que el SCV dejó en mí, perdón por recurrir nuevamente a mi experiencia, son horas de terapia, decenas de pastillas y mucho, mucho cansancio, solo por nombrar algunas cosas y no abrumarlos con más.

¡Despertemos ya! ¿Han leído el informe final de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación? Pues, háganlo si no lo han hecho. Este es escueto pero bastante veraz, por algo fue rechazado por el mismo superior general tan pronto fue publicado, aduciendo que “no reflejaba todo lo que es realmente el SCV”, cuando el objetivo de esta comisión era justamente señalar el error, el pecado, la miseria en el SCV para poderla extirpar y sobre todo, para poder reparar a las víctimas con justicia, cosa que no sucedió, siento decirlo.

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