Los que pasan piola

Las matemáticas no están a favor del SCV últimamente en cuanto se refiere a los miembros de la institución, porque salen muchos y entran pocos. A estas alturas de la historia, el balance sería negativo y los ingresos no compensan las salidas. Sin embargo, esto es secundario con respecto al preocupante enquistamiento de los “pasapiola”.

Los discípulos amados son parte importante de los pasapiola (Jubugu, Earava, Ioboeo, Auburu, Hodoco, Oatata, Eoeodo, Juluau, Juauvú y otros) y estos son la piedra en el zapato que impide indefinidamente cualquier paso del SCV hacia el bien, la justicia, la verdad y la unidad.

Algunos detentan cargos directivos, otros no, sin embargo, no los necesitan para ejercer su oscura influencia en la institución. Mas, siendo sinceros, no importa tanto la institución como aquellos de sus miembros que siguen siendo victimizados y aquellos otros que habiendo dejado el SCV son maltratados con la indiferencia y pasividad de quien vive mirándose el ombligo.

Desde la renuncia de Figari no hay ningún signo que muestre que los pasapiola asumirán sus errores y delitos, ni siquiera hay signos de cambio en ellos, lo que sí hay son muestras de alejarse de Lima, donde la fiscalía ha reactivado sus investigaciones y donde, tarde o temprano, estallará nuevamente la bomba del escándalo en cuanto a los oscuros manejos económicos del SCV y los desórdenes sexuales de otros miembros de la institución que aún permanecen “en investigación” o en la oscuridad del encubrimiento y el silencio culpable.

Los pasapiola viven en la oscuridad, como los murciélagos, se orientan muy bien donde no hay luz y por eso temen la verdad, la rechazan y confabulan para que cada vez más personas crean sus mentiras. ¿Qué mentiras? Que Figari es el fundador, que la “espiritualidad” sodálite es un carisma inspirado por el Espíritu Santo, que han cumplido con el proceso de reparaciones, que Jubugu desconocía la existencia de servidumbre alrededor de Figari, etc.

La complicidad de quienes ejercieron la autoridad en el SCV es un asunto complicado que, sin embargo, debe ser abordado. Debería partir de quienes fueron o son autoridad en la organización reconocer los excesos y errores cometidos y ponerse a disposición de instancias externas y objetivas que evalúen la responsabilidad de sus actos, considerando que el principio de autoridad en el SCV era marcadamente vertical.

En este discernimiento acerca de la responsabilidad y culpa, es fundamental considerar la estructura piramidal del poder en el SCV; por ella, quienes fueron los discípulos amados tuvieron necesariamente más conocimiento de los hechos reales, ocultos para muchos de los demás sodálites. Este conocimiento agrava la responsabilidad de los mismos.

Otro criterio que debe aplicarse para determinar responsabilidades es la cercanía con Figari que, en el caso de quienes fueron superiores y tuvieron a su cargo la formación en San Bartolo, es clave. Es decir, el responsable de la formación tenía una comunicación constante y directa con el pashá, además, “estudiaba” sobre cómo “formar” a los aprendices en la ideología sodálite, aplicando técnicas psicológicas de dominación que difícilmente pueden haber sido ignoradas como prácticas inmorales.

Para quienes fuimos sirvientes, la cercanía a Figari fue la más grande de las maldiciones y la fuente constante de sufrimiento y estrés mental, porque se nos adoctrinó para suspender el juicio sobre lo que hacía o decía este despiadado ser y sus secuaces. Éramos ciegos con ojos y sordos con orejas.

La Comisión advierte sobre el necesario discernimiento de la responsabilidad no solo en cuanto a prevenir futuros errores y abusos, sino para que quienes cometieron los mismos sean juzgados de acuerdo a las circunstancias, intensión y la materia de sus actos, sobre estos tres elementos se determina la culpa y la pena que debe asumir el perpetrador de los abusos y maltratos.

Hay casos en los que quien realizaba algún tipo de “formación” estaba compelido a obrar de determinada manera por la autoridad y contaba con pocos elementos de juicio y sin medios reales para evitarlo, en el contexto de sojuzgamiento y seria afectación de la libertad. Sin embargo, es muy difícil encontrar factores que atenúen la responsabilidad de los discípulos amados, dada su participación en el ejercicio del poder y en el manejo de la riqueza económica, sin mencionar, el intenso lazo que se formaba con las inconductas sexuales, de las cuales, les aseguro, se conocen solo unas cuantas.

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