La receta del fundador

Figari es una persona de gustos sencillos. Lenguado, lomo fino, champiñones, arroz superior, aceite de oliva extra virgen italiano o español, jamón inglés, queso emental francés, agua embotellada, papaya roja… En fin, sus gustos sencillos tenían un presupuesto aparte en el Sodalicio. Es decir, todos los demás miembros de la comunidad comían guisos con alguito de pollo y carne, pescado era un lujo y jamás un lenguado, un toyito de leche era muy bienvenido.

Sin embargo, Figari lenguado todos los días y ensaladas distintas cada vez, infusiones traídas de Chile porque eran más “ricas”, chocolates suizos para atenuar el estrés y la ansiedad, vitaminas estadounidenses y mucho, mucho alprazolán, la conciencia sucia necesitaba mucha vitamina X (como Figari le llamaba al Xánax, versión de laboratorio del popular alprazolán) para silenciarse.

Viajes, todos los años a Europa, para evitar el frío limeño. Siempre en businesses, via Madrid en Iberia. Siempre acompañado, mayormente con Ioboeo, y con buena bolsa de viajes para relajarse y comer bien en Madrid y Roma, donde recibía a cardenales y personajes importantes de la Iglesia.

Un ritmo “muy exigente” para alguien entregado al Señor. Acostumbrado a grandes espacios, en su última mansión de 1 millón de dólares en el Sol de La Molina vivía como un rey “del Evangelio” con obras de arte adornando las paredes y alfombras persas muy finas en las salas, media docena de equipos de aire acondicionado solo en sus aposentos, capilla privada, salita de estar, estudio, dormitorio, baño, walking closet con mucha ropa importada (ropa interior, zapatos, camisas, medias, todo traído de USA), ternos de tallas diferentes y telas distintas según la estación, etc.)

Cuando se cumplieron 50 años de su confirmación se armó una “fiesta” a lo grande en el “CP” de San Borja. Con Misa para él y sus invitados VIP (entre los que había compañeros del colegio Santa María) y algunas autoridades eclesiales. Luego de la Misa un “snack”, digno de un matrimonio de lujo, en uno de los salones de este centro pastoral. Para la ocasión se hicieron invitaciones especiales y recuerdos.

La atención médica de Figari se realizaba en la clínica San Felipe, una de las top de Lima y lo atendían renombrados médicos. Como ya se acotó, el dinero nunca era un problema para él. Para el resto de sodálites sí lo era, pues a muchos se les pidió que se atendieran en clínicas más baratas, salvo casos de gravedad que ameritaran algo distinto.

Sería muy extenso este escrito si narrara todas sus excentricidades y excesos. Como esta era una subcultura, tenía también sus reglas y cuidados para que el centro de este engendro cultural creado a la medida de un hombre, fuera autosostenible y defendido por las autoridades, especialmente los más antiguos que nunca hicieron nada por enderezar la desviada voluntad del fundador.

La mente de Figari fue capaz de crear todo esto para saciar sus “anhelos profundos” pero no virtuosos. El veneno de lo demoniaco triunfó en su burgués estilo de vida mientras el montón, el pueblo, vivía en una exigencia moral extrema y con carencias y desigualdad. Si consideramos la moral sexual y consideramos que se han comprobado serios desórdenes y homosexualidad en 3 de los miembros del SCV estrechamente relacionados entre sí y cercanos en edad, nos preguntamos, ¿habrá más homosexuales en el SCV? ¿Figari dejó de saciar sus bajas pasiones o las sació con alguno más que aún vive en comunidad?

Los homosexuales son tan dignos como los heterosexuales, ojo, el asunto aquí está en el engaño, el abuso, el encubrimiento, las manipulaciones y engaños de lo que parece, cada vez más, haber sido una especie de familia de mafia siciliana donde la corrupción ad intra se daba en diversos planos de relajamiento moral impropio para una sociedad de vida apostólica de derecho pontificio, y más coherente con los estatus de una hermandad secreta. Dios quiera que el SCV pueda purificarse y dejar de traicionar el ideal de la vida consagrada cristiana.

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