La raza y el color de la piel importan

“Todos somos iguales pero unos somos más iguales que otros” (George Orwell)

Hay un canto de parroquia que dice así: “No te importe la raza ni el color de la piel, ama a todos como hermanos y haz el bien”. Como otras letras de las canciones que acompañan la liturgia católica, este tema tiene sus raíces en el Evangelio; sin embargo, al parecer Figari y compañía no llegaron a esta parte de la Sagrada Escritura o se la comieron. El punto está en que para ellos el modelo de sodálite se funda en rasgos socioeconómicos que caracterizan a un segmento muy reducido del país donde nace el SCV.

Blancos, de ojos claros, inteligentes, de buen apellido y con plata, esos eran los sodálites perfectos y si además eran bondadosos, nobles y honrados, se logra la fórmula perfecta para la alquimia figariana de quienes debían estar a su lado para “conquistar el mundo”.

Como muchos, al entrar al SCV “descubrí” que tenía complejos de inferioridad —la psico-ideología sodálite te impulsa a buscarlos y, si no los tienes, a inventarlos— y que estos eran una tara para mi “despliegue” personal. El propio Figari, mi amo y maestro en aquel entonces, me hizo ver que yo era blanco, con ojos azules, de buen apellido e inteligente —misio también, pero eso no importaba tanto— y que, con esas características, estaba dentro del 1% —o menos— de los peruanos e incluso dentro de un segmento reducido a nivel mundial, por lo cual, no debía tener complejo alguno.

Ese razonamiento era claro y distinto en el gran pashá que —estoy seguro— escondía en su mórbida figura un completo catálogo de los más exquisitos complejos de inferioridad, no trabajados ni enfrentados, sino acomodados a una mentalidad sensual y voluptuosa que insaciablemente los compensaba dando rienda suelta a sus bajos instintos y deseos mundanos, según se verifica en la historia ya por muchos conocida.

Otra sentencia que refleja muy bien el “sentir” sodálite y su correspondiente visión de la realidad es aquella frase de Orwell, que hace referencia a una sociedad de animales, en la cual, aunque todos eran igualmente animales unos eran “más iguales” que otros, es decir, había algunos que eran especiales y ese carácter de “especial” es el que Figari destacaba en quien ponía la mira, desde el principio, en una dinámica “kenótica ascensional”, lo que significa que te destruía tu mundo cultural y social para reconstruirlo en “categorías sodálites”, en las cuales, al llevar el sello sodálite en el alma, eras un ser especial y excepcional.

Esta dinámica destruía todo lo que hasta el momento sabías sobre el mundo para reconstruirlo sostenido sobre conceptos distorsionados como vocación sodálite, fidelidad, radicalidad, salvación, etc. Así, lograba que la víctima dependiera de él y mordiera un ansuelo del cual difícilmente podría escapar. La estrategia utilizada es muy semejante a las que se leen en varias novelas de utopía, como la ya mencionada Animal FarmThe Demolished Man (Alfred Bester, 1953).

La puesta en práctica de las teorías futuristas de dominio relatadas en aquellas novelas de utopía negativa, refleja la ausencia de criterios critianos en la formación del SCV y, en cambio, muestra que el proyecto sodálite es uno destinado a la dominación total de un segmento de la sociedad, de élite, bajo una concepción enferma de la realidad de un pseudo profeta empapado de criterios cristianos.

Como en la obra de Bester, Figari instaura dentro del SCV una jerarquía ontológica basada en el grado de intuición o percepción extrasensorial (ésper), la cual acompaña las distinciones accidentales (no por ello poco importantes) como la raza, el color de piel, la inteligencia, el dinero y el apellido. Perdón, Debo agregar, la orientación sexual. Definitivamente, al gran pashá le interesaba mucho la orientación sexual de quienes formaban parte del SCV y los catalogaba como heterosexuales, homosexuales y heterosexuales con inseguridad. Aparentemente, el gusto del pseudo fundador se inclina por este último grupo (obviamente si cumple con los parámetros raciales, económicos, intelectuales, etc.).

La evidencia de lo dicho es clara, ¿existe algún miembro de la cúpula de poder que sea de raza andina? NO. Es también justa la pregunta ¿cuántos más eran/son como Figari (con los mismos gustos y la misma orientación sexual)? ¿Cómo se ocultan?

Uno de los vicios y deformaciones más frecuentes de los sodálites, especialmente de quienes estuvimos cerca de Figari, era vivir de mentiras, ser esclavos de fantasías, porque lo que este ser quiso implantar a través del SCV fue una gran fantasía predominantemente socio-política y económica. El desordenado afán por el análisis psicológico de los sodálites, desde su primer acercamiento es perfectamente compatible con los fundamentos de la utopía negativa, la cual era MUY influyente en la primera generación de sodálites.

El gran pashá no tenía a su servicio a ninguna persona que fuera de orígenes andinos y, en el caso de su médico sodálite, a quien llamaba sospechosamente “amigo”, consideraba literalmente que “era un cholo con mente de blanco” y por eso podían llevarse bien, hasta confiar en él.

Todas estas cosas muestran claramente un desprecio por la persona, una ignorancia y poco cristiana negación del valor real de la persona y la dignidad que le corresponde como tal. Por esto, los abusos cometidos y los atentados contra los derechos fundamentales fueron hechos con tanta frecuencia y sin escrúpulo alguno.

Las palabras de Orwell que encabezan este texto describen muy bien la mentalidad de Figari en cuanto al retorcido valor que le daba a las personas y que, en contraste, se daba a sí mismo. Para él no existía realmente la igualdad ante Dios ni ante la ley, creía en un mundo de privilegios y discriminación natural.

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