La paranoia de Figari

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La paranoia de Figari se manifestaba en un intenso delirio de persecución. Más allá de la culpa espiritual y psicológica, de la cual poco se puede decir pues es un ámbito muy privado, hay matices psicológicos evidentes que, en el caso del “fundador” manifiestan trastornos mentales de distinta índole e intensidad.

En un portal sobre psicología se proporciona una sencilla definición de paranoia:

La paranoia es un estilo de pensamiento asociado a los trastornos mentales que se caracteriza por dar forma a los delirios autorreferentes. Eso significa que quien expresa un comportamiento paranoico tiene una tendencia a creer que todo lo que ocurre y de lo que es consciente se da a causa de un mismo hecho, una verdad que normalmente intenta ser ocultada por entidades misteriosas (sobrenaturales o no) pero que uno mismo es capaz de ver.

El estilo de pensamiento del “fundador” era eminentemente autorreferente y relativo al SCV —entendido como una prolongación de su yo—, es decir, todo concepto o pensamiento que pasara por su mente pasaba el tamiz del Plan de Dios, la misión, los designios divinos y conceptos semejantes. Sus emociones y sentimientos son intrascendentes porque eran reprimidas. Sus actos respondían a su subjetivo concepto de Plan de Dios que encontraba en él una aplicación única y singular pues, el estilo, disciplina y espiritualidad sodálites eran para los sodálites pero no para el propio Figari, quien se refugiaba en su cómodo rol de “fundador” y todopoderoso superior general.

Los delirios autorreferentes de Figari eran propios de un ser temeroso y frágil como, por ejemplo, que tenía enemigos que lo espiaban —interceptando sus comunicaciones— o que querían envenenarlo, así como que se contagiaría de SIDA por el solo hecho de tener contacto con algún enfermo, que tenía una bacteria en el estómago que le impedía tomar agua potable que no fuera embotellada, etc. Sus delirios eran muchos no solo catastróficos como los ya mencionados sino también los de grandeza (súper inteligente, ultra sensible, recontra humilde, etc.).

Su delirio autorreferente por el cual estaba convencido que lo espiaban llevó a que el SCV comprara radios especiales que funcionaran en un canal privado, imponer el uso de PGP —sistema de encriptación de grado militar usado en EEUU—, tener una línea privada, hablar en claves, etc., así como tener una habitación con paredes muy altas y doblemente gruesas, además de puertas reforzadas —también tenía pánico de ser atacado—, rejas y sofisticados sistemas de alarma, además de las cadenas con las que aseguraba sus archivadores privados que estaban en sus espacios dentro de la casa, el cuarto secreto que se construyó dentro de su secretaría, etc.

¿Cuál era el hecho que causaba su comportamiento paraoico? Es difícil precisar cuál puede ser; sin embargo, las opciones deben estar referidas a los proyectos de vida que fue destruyendo a su paso por este mundo —que aún no termina— mientras inició su actividad pública a finales de los años 60. Deben de ser decenas de vidas que arruinó con sus abusos y maltratos, sin mencionar, sus adoctrinamientos psíquicos invasivos e intensos —por lo mismo, muy destructivos—.

Cuando se menciona en la definición “entidades misteriosas” puede entenderse que en la vida de Figari estas existieron en forma de personas “ésper” pero, sobre todo, en los traidores que para él eran como el diablo mismo encarnado en un hombre. No fueron pocas las veces en que llamó demonio a alguno de sus sirvientes porque este no hacía caso a sus caprichos. Sin embargo, un análisis más profundo nos haría ver que el mismo Dios era para Figari una entidad misteriosa pues, su narcisismo lo habría revestido de un ropaje de subjetividad propio de un ser mitológico, al punto de despersonalizar a Dios mismo y convertirlo en una maniquea versión de fuerza o energía buena, frente a la cual se oponía una equivalente energía negativa personificada por el demonio. Con esta hipótesis puede comprenderse coherentemente su aproximación poco misericordiosa al pecado y la exacerbación de la culpa en la psiqué humana.

Dentro de las características de la paranoia destacan —siguiendo con la misma fuente bibliográfica—:

1. Hostilidad, actitud defensiva y manía persecutoria, 2. Adopción de rutinas de protección, y 3. Rigidez cognitiva. En las tres cosas Figari destaca con excelencia. Su hostilidad y agresividad —poca paciencia e incapacidad de manejar la frustración— es evidente. Asimismo, la cantidad de rutinas que poseía aparecía oculta con su caótica vida, sin horarios y sin hábitos, mas tenía una estricta rutina con lo referido a su salud —ingesta de medicinas, hipocondría con respecto a las enfermedades, etc.—, a su “vida espiritual”, a la distracción —ver TV por largas horas, hacer dibujos en la computadora, comprar aplicaciones y libros por internet, etc.—. finalmente, la rigidez cognitiva, en su caso, era prácticamente absoluta pues era incapaz de autocrítica y de corregir sus comportamientos, por ejemplo, nunca fue capaz de mantener una dieta o un horario sano, ni un ritmo de trabajo prolongado y ordenado. Figari se rige por sus pensamientos subjetivos y por sus sentimientos —aunque reprimidos, silenciosamente dominantes—.

En este ser paranoico y narcisista se alojó una incomprensible capacidad para manipular las mentes y hacer que el mundo gire a su alrededor. El rechazo que podríamos sentir algunos hacia su estilo de vida y pensamientos era, paradójicamente, un laso inquebrantable con el cual se ataba nuestra libertad. Figari era una trampa, un engaño y una estafa al anhelo de grandeza de cualquier ser humano.

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