La fidelidad se construye día a día…

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… o llega el día en que no la tienes más.

Figari es el tipo de personas que están convencidas que de su boca salen palabras inspiradas y que es necesario prestar atención para captarlas e inmortalizarlas en paneles o —en versión más moderna— screensavers. Sobre esta frase en particular se puede apreciar el realce de una virtud muy necesaria en la vida: la fidelidad.

Sin embargo, como ya deben sospechar, esta frase bonita se hacía concreta en la realidad cotidiana obedeciendo a la voz del superior y, entre quienes vivíamos cerca de Figari, en escuchar su voz. La escucha de la voz de quien se reconoce como receptáculo de un carisma particular y extraordinario en la Iglesia, verdadera respuesta para nuestro tiempo, admirado por la jerarquía eclesiástica, etc.

La fidelidad al estilo y espiritualidad sodálites tenía como piedra angular a la obediencia. La cual era muy vertical y ciega. Todas las semanas se tenía que reflexionar sobre la obediencia, celibato, vida comunitaria y comunicación de bienes, de manera que, por lo menos una vez al mes se meditara sobre la obediencia. Cuando se preparaban este tipo de diálogos, porque lo hacían los miembros de la comunidad según un rol rotativo, la forma más fácil de hacerlo era escogiendo un texto de Figari. Así no había posibilidad de error o malos entendidos. Sin embargo, cuando uno era audaz y escogía un texto de algún maestro espiritual de la Iglesia se corría el riesgo de que sus palabras no se apliquen a la “espiritualidad sodálite”. Por lo tanto, preparar un diálogo espiritual sobre algún texto que no fuera de Figari implicaba más trabajo porque había que “interpretarlo” o matizar su contenido.

La lectio divina o meditación de la Escritura, en la cual lo objetivo de la Palabra era aplicado a uno mismo, también pasaba por una “relectura sodálite” de la misma y, en muchos casos, terminaba siendo “qué me dice Figari a mí usando las palabras de la Biblia”.

La fidelidad, además, para quienes vivíamos con Figari en San José 1 o en Madre del Reconciliador implicaba literalmente dar la vida por él, de ser necesario y, en lo cotidiano, exigirse al máximo por satisfacer sus deseos sin molestarlo. En mi caso particular, aprendí a ocultar mis emociones y estados de ánimo, de modo que tenía una constante expresión con la cual trataba de expresar lo mínimo sobre mí. De esta manera evitaba llamar la atención de Figari y no incomodarlo o preocuparlo con mi realidad. Yo me hacía nada con tal que él estuviera bien, me convertía en un felpudo para que él pisara más cómodo al pasar.

Caso semejante es de otro miembro de esa comunidad que lo acompañaba durante largas horas, la mayor parte del día, teniendo muy poco tiempo para dormir y hacer otras cosas, que vivía con notables ojeras y fácilmente se quedaba dormido en diversas actividades cotidianas.

O aquel otro que, mientras Figari estaba en Roma —donde hay 6 o 7 horas más que en Lima—, tenía que estar literalmente las 24 horas del día conectado al Skype para responder cualquier deseo de Figari. Si por casualidad iba al baño y lo llamaba, era maltratado con fuertes adjetivos.

Esta deformación de conceptos cristianos y virtudes humanas, ¿podrá curarse dentro del SCV? Cuando estás fuera del SCV creo que es más fácil, pues el contraste con la realidad te obliga a tomar opciones reales y auténticas. Con el perdón que se merecen, resalto que, en mi experiencia al salir del SCV, he vivido como nunca en mi vida virtudes como la castidad, la generosidad y solidaridad con los que menos tienen y con los que lo necesitan, el amor, la confianza en Dios, la esperanza, etc.

Dentro del SCV los directores espirituales son del SCV, los confesores son del SCV, las opiniones que se aceptan como verdad son las del superior (del SCV), las noticias sobre la Iglesia (son las que el SCV autoriza y recomienda), los psicólogos y psiquiatras que atienden a miembros del SCV son también de la familia espiritual, con algunas pocas excepciones. Entonces, dentro de este círculo, ¿cómo pensar con libertad? ¿cómo elegir el rumbo de la vida? y ¿cómo ser humano?

Bonus pack: Siguiendo con los gustos sencillos del fundador: helado de lúcuma D´Onofrio, acompañado con leche condensada —si había mucha ansiedad—, jugo Watt´s de manzana, pera o durazno “light”, Electrolight de piña o uva, pan integral Bimbo, galletas Margarita Sayón, alfajores La Habana (argentinos), etc.

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