Juluau el técnico

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Juluau es una de esas personas que parecía que siempre fue anciano. Sus manera de caminar y moverse eran algo rígidas y “finas”, delgado y de estructura débil, carente de humor, por lo menos del que hace reír, tiene una personalidad “nerviosa”. Amigo de Figari, Jubugu y Juauvú, es una de las personas de confianza del fundador y quien tuvo a cargo el cuidado de la casa de sus padres, incluso mientras ellos aún vivían, en San Isidro, es de los pocos sodálites que nunca ha sido cambiado de casa desde que vivió en La Pinta y mientras esa casa fue comunidad (primero el primer piso, mientras vivían los padres de Figari y luego de la muerte de ambos, toda la casa).

Este personaje es uno de los empresarios del SCV que maneja alguna de las empresas inmobiliarias y otros fondos familiares, de inteligencia aguda y amplia cultura es alguien que calza muy bien con el perfil de un contador o “quien lleva los libros”. En casa, durante años, se dedicó al ensamblaje de computadoras que eran distribuidas sobre todo entre los miembros del SCV y personas allegadas a la familia “espiritual”, para poder cumplir con esta labor realizaba constantes viajes a los Estados Unidos en donde compraba al por mayor las piezas necesarias para el ensamblaje. No solo el manejo de las computadoras sino hasta sus hobbies respondían a su habilidad técnica y su peculiar personalidad.

A pesar de su cultura no escribía ni publicaba como se esperaría de alguien con sus capacidades, ni participaba en actividades ad extra. Tampoco realizaba labores pastorales en colegios o universidades, ni labores sociales, en general no tenía mucho contacto con jóvenes como la mayoría de sodálites. Era poco conocido por los aprendices y por el tipo de cosas que hacía parecía ser uno de los discípulos – sirvientes de Figari más leales, como Ioboeo pero desde lejos (en la casa de los padres del fundador).

Durante muchos años ha tenido autoridad en el SCV —como superior de una comunidad— y ha sido miembro del consejo superior desempeñando el encargo de “temporalidades” (ecónomo) y comunicaciones. Ese poder lo hacía ser uno de los “mayores” y gozar de mucho respeto, pero sus quehaceres siempre estuvieron rodeados de misterio frente a los demás miembros del SCV.

Como sucedió con otros personajes, discípulos y sirvientes, yo me llevé muy bien con Juluau y nunca me hizo daño alguno. Lo que cuento de él es verdadero. El misterio que rodeaba a los mayores era algo con lo que uno se acostumbraba a vivir y, sobre todo, se aprendía a no hacer preguntas.

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