Intolerantes y fanáticos…

son muchos de los miembros del Movimiento de Vida Cristiana (MVC), asociación de fieles católicos fundada por Luis Figari en 1984, luego de fundar el Sodalicio con la intención de que la “espiritualidad sodálite” llegue a miles de personas a nivel mundial. Fundación pensada para que todo tipo de personas, desde sus actividades cotidianas, pueda vivir la vida cristiana con coherencia. ¿Lindo no?

MVCSin embargo, el MVC adolece de los defectos que Luis Figari le impone con la subcultura de la cual él es creador y expositor supremo. Es una subcultura extra mundana, en la cual prima el patrón narcisista. Es por eso que muchos emevecistas, especialmente quienes están cerca de los sodálites, a quienes toman como referentes, son autosuficientes, tienen una visión de la Iglesia reducida y enmarcada dentro de los propios parámetros de su subcultura, viven de muchas apariencias y no son capaces de soportar críticas y dialogar con quienes piensan diferente.

La intolerancia y el fanatismo se expresa en la cerrazón para escuchar los testimonios de personas que han sufrido abuso en el Sodalicio -como es mi caso- porque los consideran disidentes y traidores, malagradecidos por todo lo recibido en el Sodalicio (casa, comida, educación, cariño, etc.), marginales y rebeldes, en fin, prefieren no considerarlos siquiera. Sin embargo, esta actitud de desprecio disfraza un gran temor a conocer la verdad, aquella verdad que puede quitarles “el piso” y la seguridad en un estilo de vida aprehendido, en el cual se refugian para no afrontar con valor las dificultades de la vida.

Quienes encuentra en el MVC una instancia para ser mejores personas den gracias a Dios y a seguir adelante pero, cuidado con la cerrazón y el desconocimiento de la verdad. Lo sucedido con Figari, Godoko y otras figuras del Sodalicio reflejan graves deformaciones y faltas morales que han afectado la manera como se ha conducido el MVC desde sus inicios. Los maltratos no solo se han realizado a sodálites sino también a emevecistas, para quienes no lo sepan, y los errores teológicos de la llamada “espiritualidad sodálite” son graves, como en lo referido a la concepción de la vocación cristiana.

Emevecistas, ábranse a la verdad, escuchen otras opiniones sin temor. Quienes salimos del Sodalicio después de muchos años de permanencia en él no somos traidores sino, en muchos casos, víctimas de un maltrata constante y mayúsculo. Respétennos y velen porque ustedes mismos no sean otras víctimas de la ideología de Figari.

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