Injusticia

No es en vano que, la Santa Sede, al nombrar a Mons. Noel Londoño como Comisario para el SCV, designa al Cardenal Joseph Tobin (Arzobispo de Newark) como quien se hará cargo de investigar y evaluar las gestiones económicas de la institución porque, como destaca el informe final de la Comisión, esta “cuenta con un patrimonio y recursos importantes”. El Santo Padre, durante su visita al Perú en enero último, no mencionó en sus discursos públicos nada referente al Sodalicio.

Sin embargo, en el viaje de regreso a Roma (ver entrevista completa), un periodista del diario La República lanzó una pregunta en la cual sumaba la corrupción en el país y el caso Sodalicio. No sabemos si hizo esta unión a propósito, pero, el Papa sí las unió, y mencionó, entre otras cosas:

“Hace casi dos años yo mandé un Visitador al Sodalicio en la persona del cardenal Tobin, obispo de Newark. El cardenal Tobin hace la visita; descubre cosas que no entiende o que no están claras; nombra dos veedores económicos y este es el tercer abuso que también rozaba al fundador: el manejo económico”.

El Papa considera que el manejo económico es también un tipo de abuso, tan grave, que amerita el nombramiento de dos veedores que revisen este aspecto de la institución. Hasta hoy no se ha hecho público ningún veredicto o resultado de este proceso. Sin embargo, la prensa en el Perú profundiza en sus investigaciones, frente a las evidencias de la riqueza del SCV, especialmente en el norte del país.

Ante las palabras del Papa sobre lo que ha llamado “tercer abuso”, el SCV no ha dado ningún tipo de declaración. Personalmente, Alessandro Moroni me ha dicho que han sido auditados y que no se han encontrado problemas ni asuntos oscuros en sus cuentas. Asimismo, me aseguró que económicamente el SCV no se encuentra en la capacidad de asumir las reparaciones justas recomendadas por la Comisión y vinculadas al derecho, lo cual explica la realización de un proceso de reparaciones subjetivo y hecho, no de acuerdo a la justicia, sino a la liquidez e intención de gasto del SCV.

Agrega el Papa Francisco:

“Si hoy día el Sodalicio está «comisariado» por la Santa Sede es por todo esto… O sea, el estado jurídico hoy día del Sodalicio es «comisariamiento» y a la vez sigue la Visita Apostólica”.

Entonces, el manejo económico es una de las causas —junto a los abusos sexuales y los de otra índole cometidos por Figari y otros sodálites—. Dialogando con un sodálite profeso perpetuo, desde hace más de 10 años, sobre este punto, me comentaba, muy convencido, que el Papa está equivocado respecto a esto y que ha sido mal informado. Se puede sospechar que esta sería la “información oficial” que circularía ad intra, probablemente para evitar el escándalo de los sodálites que aún permanecen luchando por un mundo mejor y por purificar la institución.

Pero, más allá de las riquezas del SCV, lo que llama la atención, nuevamente, a la Comisión es la desigualdad que se vive al interior de las comunidades. En las cuales, quienes formaban parte de la cúpula del poder, sin importar dónde vivieran, gozaban de comodidades y tranquilidad económica, mientras los demás, los súbditos, especialmente aquellos que no recibían el apoyo de sus familias, tenían que mendigar para solventar sus gastos. Como resalta el informe final en este numeral, al final:

“…pero los integrantes debían solventar sus propios gastos”.

Yo era uno de aquellos que no tenía el apoyo económico de sus padres, porque a ellos no les sobraba y a mí me daba vergüenza pedirles. Mi conciencia me dictaba que una persona de mi edad tenía que trabajar y valerse por sus propios medios y, si no se me permitía trabajar de manera remunerada, entonces, la comunidad tenía que cargar con mis gastos. Sin embargo, tuve que vivir una pobreza obligada mientras era testigo de la comodidad escandalosa en la que vivían Figari y las autoridades. Personalmente, yo tenía que hacerme cargo de que nunca le falte lo que al gran pashá le antojase comer, incluso, tenía que adelantarme a sus caprichos y comprar de más. Este era uno de los motivos, uno de tantos, por los cuales vivía en constante tensión.

Un sacerdote sodálite me contó que cuando buscaba donantes para construir una capilla, se reunió con un empresario, al cual le pidió su aporte económico y su asombro fue grande cuando aquel señor soltó una carcajada y le dijo “¿cómo me pides dinero a mí?, pídele a Jaime Baertl, él acaba de cosechar US$ 7 millones en mangos, te aseguro que él tiene cómo ayudarte con tu capilla“.

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