¡Inhabilitados para reincorporarse a la vida civil!

La crudeza de este numeral resulta muy difícil de digerir para las víctimas. Mas es muy acertado el juicio de la Comisión en este numeral de la primera parte del informe final. La inhabilitación “para reincorporarse a la vida civil” es una de las consecuencias más serias de los abusos que se sufrieron al interior del SCV y uno de los que más se estrella con la políticamente correcta indiferencia y silencio de la multitud de peruanos que dan la espalda a las víctimas y simplemente exigen de estas una inserción pronta y total a la vida civil, con la hiprocesía e ignorancia del “darle vuelta a la página”.

No son necesarios abusos sexuales para sufrir esta inhabilitación —lo puedo asegurar— pues, como reconocía Ian Elliot —experto contratado por el SCV para investigar los abusos cometidos— el abuso debe medirse de acuerdo a tres parámetros: materia del abuso, persona que lo sufre y tiempo al que se está expuesto. Estos tres factores juntos configuran la realidad de la víctima que, en su complejidad, no puede ser juzgada ligeramente por la sociedad.

Los abusos de los cuales habla la Comisión en este quinto numeral fueron cometidos durante 20 años o más. ¿Cuántas víctimas hubo en este tiempo? ¿Cuántas han quedado inhabilitadas para la vida civil? ¿Qué sucede con aquellos que —como mi caso— sufrieron agresiones físicas —como la privación de sueño y desorden de horarios para dormir durante años— y psicológicas durante casi 20 años? Silencio.

Los daños psicológicos infringidos son muy fuertes y profundos, como dice el informe. Uno de los más saltantes es la destrucción de la autoestima, a lo que se suma el desorden emocional y la dificultad para dar y recibir afecto, así como la culpa y la frustración por no haber podido escapar de este martirio antes. Muchas víctimas asumen un estado de negación y tratan de llevar la vida lo mejor posible; sin embargo, la negación no conduce a nada bueno y es como ponerle un corcho a una represa, por más fuerte que este sea, no podrá soportar la presión y el agua brotará desbordándose y rompiendo la estructura que la contiene. En ese estado, la agresividad y tristeza están contenidas también pero llega el momento en que se desbordan, volviéndose incontrolables, yendo más allá de lo que el yo consciente puede soportar y manejar.

¿Cuál es la mejor manera de superar la experiencia sufrida? La aceptación, aquella actitud que implica salir al frente del mal vivido e integrarlo en la propia vida aceptando sus consecuencias y superándolas una a una, haciendo un ejercicio cotidiano por reaccionar de manera consciente a ellas con asertividad, ejerciendo la voluntad con libertad, nada como la libertad recuperada pero, como alguien que estuvo mucho tiempo en la oscuridad y vuelve a la luz, tendrá que ser un proceso progresivo para que la luz no ciegue con resplandor a quien recuperó su libertad.

¿Qué es vejar? Según el RAE es “maltratar, molestar, perseguir a alguien, perjudicarle o hacerle padecer” y esta definición refleja muy bien lo vivido en el SCV por muchos, especialmente en las comunidades de formación en San Bartolo y en la casa del “fundador”, más aún por los tres que fuimos sus sirvientes durante casi 20 años. No son errores sino daños cometidos de manera sistemática, con el objetivo de sojuzgar a la persona, de capturar su libertad y hacer de la persona una especie de autómata al servicio de la voluntad “divinizada” de Figari, transmitida fielmente a través de sus discípulos que se hacían cargo de la deformación en San Bartolo. Era un SISTEMA, no una casualidad o un fruto de la debilidad de jóvenes inexpertos a los que se les ponía a cargo de las consciencias de otros jóvenes deseosos de aprender como ser mejores personas y mejores cristianos. Esto, en el mundo real —no en el mundo de fantasía del SCV—, se llama CRIMEN y se caracteriza por estar muy bien ORGANIZADO.

El crimen organizado que cometió el SCV y que cobró numerosas víctimas permanece impune porque quienes lo sufrieron de peor manera, no son capaces de denunciar a sus victimarios, porque estos últimos permanecen ocultos, perpetuando la cultura de encubrimiento que ha caracterizado al SCV desde sus orígenes, con la primera expulsión por abusos sexuales cometidos a jóvenes miembros del SCV por un sodálite mayor en el año 1984. La verdad nos hace libres, sin embargo, pocos pueden contar la verdad y, cuando la cuentan, muchos mueven el dedo negando y otros tantos insultan escandalizados, sumándose a la manada de ingenuos que creen que todo esto no es un CRIMEN ORGANIZADO sino errores cometidos por jóvenes inexpertos.

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