Hodoco: ancestral discípulo de Figari

Quienes estuvimos cerca o en el SCV a fines de los 80 y durante los 90 sufrimos del embate de Hodoco, fiel discípulo de Figari, experto en las artes de la manipulación psicológica, maltrato físico y psicológico, encubamiento de vocación, etc. Era temido por sus jóvenes agrupados, aspirantes y aconsejados.

Este personaje se reconocía a sí mismo como un gran apóstol; sin embargo, su poder oscuro estaba lejos de ser la fuerza del Espíritu Santo. Quienes lo vimos actuar damos fe que era un ser despiadado.

Los recuerdos que guardo son dolorosos y cuesta evocarlos. Alguna vez tuvimos que hacer una guerra de cachetadas entre los que formábamos parte del grupo para demostrar nuestra virilidad. En otra ocasión nos impuso horribles castigos por no cumplir con un compromiso grupal, hicimos largas caminatas, comimos ají puro licuado -obviamente que con semillas y venas-, corrimos, etc.

También cometió duras agresiones contra quienes él catalogaba como acomplejados. Lanzó certeras cachetadas y lapos, junto a insultos racistas como “indio cholo” o “indio acomplejado”. Se ensañaba con quienes eran trigueños y de condición económica pobre, los estigmatizaba como acomplejados y los obligaba a hacer el ridículo frente a los demás. Como se puede imaginar, nadie sobrevivía a estos maltratos y, tarde o temprano, terminaba por alejarse del SCV. Algunos quedaban en el MVC y otros simplemente desaparecieron sin dejar rastro. Todos quedaron con heridas profundas y recuerdos que tratan de olvidar hasta hoy.

Hodoco practicaba la psicología de manera empírica y clandestina. Quienes estuvimos bajo su influjo fuimos evaluados psicológicamente y sometidos a sus terapias y experimentos. Poseía una importante biblioteca de este tipo de libros en su oficina. Seguía silenciosamente las huellas del fundador. Digo silenciosamente porque nunca oí a Figari hablar bien de él ni lo vi cerca del “maestro”.

Cuando alguno de sus aprendices llegaba a la experiencia comunitaria lo hacía con un expediente que era entregado a Figari o a la persona designada por él para dirigir la experiencia. Por lo cual, durante las experiencias se sabía por dónde se debía “ajustar”. Recuerdo que además de acomplejado, al trigueño se le decía con facilidad “arribista”. Etiquetas que duraban años y que estigmatizaban a la persona frente a la comunidad si es que eran admitidos.

Hodoco era uno de los discípulos más aplicados y autodidactas. Contemporáneo a Oatata, legendario por su sadismo. Esa fue una generación de personajes que dejó cicatrices y enfermedades en el alma de varios jóvenes.

Me gustaría decir que todo este relato es ficción, pero no puedo hacerlo porque es tan real como tú o como yo. No es Figari el único que debe pisar los tribunales y enfrentar la justicia humana antes de encarar al Supremo Juez sino varios más.

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