Hipótesis Sodalicio :: Nova bella elegit Dominus

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Nova bella elegit Dominus (Nuevas luchas ha elegido Dios)

Es una cita del Antiguo Testamento, una de las preferidas de José Chaminade, padre fundador de la Congregación Marianista, que es propietaria del Colegio Santa María, en Lima. Además, es una de las citas bíblicas que Figari usaba especialmente durante los inicios del SCV y que es el título de uno de sus escritos, una de las llamadas “memorias”. Es un acento que se expresa en otras frases que exhortan a conquistar todo el mundo para Cristo, el “gran capitán”.

Este hecho nos lleva a plantear una hipótesis, tan solo una corazonada, que podría ayudar a comprender el origen del SCV. Figari, durante su juventud y en medio de sus solitarias cavilaciones sobre cómo expandir su ego a través de la consecución del poder, luego de intentar incursionar en la actividad política y fracasar, habría aplicado sus conocimientos de la espiritualidad de los marianistas en formar un nuevo grupo de personas unidas en un mismo ideal.

La necesidad de cambios radicales en la sociedad y el mayor protagonismo de la juventud en la actividad política, fueron el caldo de cultivo perfecto para plantear una iniciativa como el SCV, la cual nace prácticamente como una prolongación de los marianistas. Incluso, al principio, el SCV cuenta con el apoyo y acompañamiento del p. Haby —superior de los marianistas—. Figari ya había terminado la secundaria y se encontraba estudiando derecho en la PUCP —junto a Alan García Pérez, expresidente del Perú—, cuando trabajaba en el Colegio Santa María y reclutaba muchachos para su naciente grupo católico, fundado el 8 de diciembre de 1971 bajo el nombre de Sodalitium Christianae Vitae.

No pasó mucho tiempo para que las autoridades del colegio sospecharan del proselitismo que realizaba Figari junto a otro miembro del SCV con los alumnos de quinto de secundaria y ambos fueran removidos del colegio por su director, el p. Julio Corazao.

Luego de haber pertenecido a un grupo de estudio sobre el pensamiento de Chaminade, al poco tiempo de llegar a la comunidad San José en 1994, puedo dar fe de las grandes similitudes entre el “pensamiento” sodálite y la espiritualidad de los marianistas. Lo que habría pasado luego de la fundación y la toma de distancia de los marianistas porque estos últimos habrían encontrado “serias” discrepancias con Figari y su grupete, es que Figari va dándole “pinceladas” de originalidad para hacer de la espiritualidad marianista algo distinto y nuevo —como le gustaba alardear a Figari—. En realidad, lo que habría hecho Figari es algo que él mismo criticaba: “espiritualidad de súper mercado”, es decir, coger un poco de acá y otro poco de allá para formar un todo supuestamente orgánico.

La originalidad de la llamada espiritualidad sodálite no es tal como el fundador reclama, lo que sí se le debe reconocer es que hizo una buena mezcla, produjo un buen cóctel con el cual conquistó la mente y el corazón de cientos de jóvenes. Este cóctel fue el anzuelo y el disfraz de su intrincado y desordenado corazón y de su mente enferma que, buscando saciar su ego, creó una estructura de poder en la cual algunos le servirían de manera cercana, para ayudarlo a irradiar el influjo de este cóctel hasta las bases mismas de una imaginaria pirámide estructural de una organización elitista, porque buscaba situar en los lugares de influencia, cerca del fundador, a las mentes más brillantes y a los espíritus más audaces.

Prueba de las cosas que describo son, por ejemplo, las tantas veces que, luego de haber cocinado para él y sus distinguidos invitados, me llamaba al comedor —sacándome de la cocina, a pesar mío— para presentarme orgulloso como un “filósofo” cocinero e incluso llegaba a comentar que había publicado artículos filosóficos. Esta exhibición no era por mí, no, no era un reconocimiento o muestra de gratitud, sino una muestra de poder, de alguien que estaba rodeado hasta en su servicio doméstico de personas ilustradas, era una propaganda para sí mismo y para su engendro —el SCV—.

Dato

La militarización del SCV es un hecho que es mitigado como consecuencia, creo yo, de tener que adecuarse a los parámetros que exige la Santa Sede para la aprobación pontificia y para la mayor expansión del SCV fuera del Perú. Sin embargo, durante varios años esta característica de la disciplina sodálite era muy marcada, e incluía un desprecio por la cobardía o cualquier muestra de debilidad. Figari decía cosas como “lo único que no puede hacer un sodálite es parir”.

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