¡Feliz cumpleaños!

Los días previos al 8 de julio solían estar cargados de una incómoda tensión. Ioboeo hacía ver a los integrantes de la comunidad que el cumpleaños del “fundador” estaba próximo a llegar, algunas veces lo hacía con anticipación para que lo ayudemos a pensar en el regalo que le haría la comunidad y en la lista de cosas que “necesitaba” que le regalen las otras comunidades del SCV, las fraternas y las siervas. Otras veces, Ioboeo simplemente nos informaba lo que había decidido regalarle a nombre de todos.

En las comunidades de San Bartolo se reforzaban las exigencias físicas, poniendo una serie de “metas” que incluían la preparación del mosaico (desde mediados de los 90s) que se le regalaba al “fundador”, donde cada piedra significaba una cantidad de ejercicios físicos, oraciones, horas de estudio, etc., ofrecidas por Figari, por su “santidad” e intenciones. Los números de estos ofrecimientos eran asombrosos y ponían a prueba la “generosidad” de los jóvenes en formación. El culto a la figura de Figari era realmente desmedido y se alimentaba desde la formación, donde muchos exigían el cuerpo hasta el extremo por alguien que se daba la gran vida y que no ofrecía nada a cambio de tanto “amor”.

El 7, la víspera, solía ser un día alborotado en la casa de Figari porque había que preparar la comida del gran pashá. La lista de invitados se solía hacer, como muchas cosas que implicaban a Figari, a última hora. Las invitaciones tenían un implícito carácter conminatorio para quien recibiera este honor. Sería un gran despecho que algún invitado no acudiese a saludarlo a la medianoche, tan pronto se iniciara el grandioso 8 de julio.

Las fraternas y las siervas colaboraban con bocaditos dulces y salados. Yo me hacía cargo de cocinar algunas cosas y comprar algún postre extraordinario —si es que no lo hacía yo mismo—, además de las bebidas y atender personalmente a Figari durante la celebración.

Luego de la aprobación pontificia (1997), la celebración del 8 de julio cobró un significado mayor aún, pues Juan Pablo II escogió esa fecha como el día en que el SCV recibía la mencionada aprobación. Lo cual, como se puede imaginar, fue interpretado como una “delicadeza” de Dios hacia el SCV y su “fundador”, acrecentando el mesianismo y la percepción del SCV como una obra de Dios.

Las llamadas y mensajes que recibía Figari el día de su cumpleaños eran numerosas y cualquier ausencia se hacía notar, por lo tanto, aunque el gran pashá no se dignara en responder a casi nadie, se hacía una lista anotando los nombres de todos los que llamaban a ofrecer sus oraciones por el gran “fundador”.

Qué pasará con Figari este día, poco importa, quiénes lo llamarán o le escribirán para saludarlo y expresarle su apoyo y solidaridad, más de uno de los discípulos amados; ¿qué celebrarán en el SCV? ¿La aprobación pontificia más rápida de historia? ¿El gran engaño? Lamentamos que haya sido el gran Juan Pablo II una víctima más del SCV y sus esbirros, lamentamos que el engaño se extienda a otras figuras importantes en la jerarquía eclesial hasta nuestros días y que haya quienes defienden el carácter divino de un inexistente carisma fundacional en el SCV.

Sería extraordinario que este día sea una instancia para que los discípulos amados hagan un mea culpa y rindan testimonios veraces ante la sociedad y la Iglesia, adelantándose al juicio divino. Mas esta fantasía no dejará de serlo, pues estos sodálites, consagrados a sus deseos oscuros de poder, dinero y placer, seguirán ocultos realizando sus obras desordenadas.

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