Estudios superiores: acceso restringido

El método de sometimiento de Figari se funda en la implantación y explotación de algunas ideas fuerza, tales como vocación, Plan de Dios, misión y fidelidad; en base a las cuales se reconstruye el proyecto de vida del formando bajo los parámetros de la subjetividad y deseos del “fundador“, que se disfrazan bajo elementos propios de la doctrina de la Iglesia. Por lo cual, los estudios de teología y filosofía permitían una fácil adaptación a los “criterios sodálites”, además de la escasa cercanía con el mundo que aseguraba que los sodálites no se pudieran “contaminar” con el “espíritu” del mundo ni tener contacto con mujeres.

Cuando algunos sodálites, muy pocos, estudian alguna carrera distinta a la teología o filosofía -psicología o educación, sobre todo-, lo hacen a distancia. Luego de la muerte de Godoko, en 2001, empezarían algunos sodálites a realizar estos y otros estudios de manera presencial, siempre bajo una estricta supervisión de las autoridades.

Dentro de la metodología de Figari para adoctrinar a los formandos, está prevista su intervención directa “piloteando” los estudios, sugiriendo lecturas, explicando las relaciones entre dichos estudios y la ideología sodálite, buscando justificarla e identificarla con intuiciones de grandes maestros espirituales, de manera que, el pensamiento del “fundador” se luciera entre los grandes.

Como dice el informe final, los costos de los estudios eran, en muchos casos, cubiertos por los padres y no por el SCV pese a que era esta institución la que se beneficiaba directamente con los frutos de dichos estudios.

La tardía apertura a otras carreras se justifica por la expansión del SCV, luego de la aprobación pontificia, y la necesidad de que los propios sodálites puedan involucrarse en los proyectos de la institución, sin la necesidad de depender de terceros que, obviamente, podrían pensar distinto e implicarían un costo de mano de obra especializada. Mientras que, a un sodálite podía no pagársele por su trabajo y hasta exigirle que entregue todo o gran parte de su salario para bien de la comunidad.

En este contexto se forma una casta de inútiles académica y laboralmente hablando, personas que no son capaces de trabajar bajo las exigencias del mundo del trabajo comunes al resto de personas sino bajo reglas propias de una institución “religiosa” autoritaria y vertical. Esto lleva al fracaso de muchos proyectos o al retraso de su avance, en caso de que funcionaran. Tuve ocasión de ver directamente esta “cultura interna” del SCV inoculada en la Universidad Católica San Pablo, donde se tomaban decisiones no bajo criterios técnicos o educativos sino sobre la base de la “espiritualidad” sodálite y los intereses de la comunidad.

Dichos inútiles dependen absolutamente del SCV y poseen un grueso filtro frente a la realidad, el cual se aprecia activo, actualmente, en la manera como la institución enfrenta la dura crisis por la cual está atravesando, entre otras cosas, con una severa incapacidad para aceptar la realidad y la verdad de las acusaciones y críticas dirigidas a la comunidad, no solo a Figari por cierto.

Asimismo, se puede entender el éxito de la economía sodálite de inversión por la genialidad de contratar personas profesionales en las distintas ramas en las cuales invierten gran cantidad de recursos. Como, por ejemplo, especialistas traídos de Chile para manejar las inversiones agrícolas en el norte del Perú.

¿Cómo cortar con la dependencia del SCV cuando se abandona la institución prácticamente sin experiencia de trabajo, con estudios de filosofía o teología, sin un vínculo fluido con la familia -incluso con mucha incomprensión y hasta rechazo de esta-, sin contactos en el ámbito laboral, con acentos “sodálites” marcados en los estudios y en su consecuente forma de entender la realidad, con mucho daño moral, psicológico, físico y espiritual impartido por el SCV?

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