¿Criticar al SCV es atacar a la Iglesia?

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Una de las cosas que se aprenden en el SCV es que todo aquel que ataca a esta institución está atacando a la Iglesia, lo cual se constata en el lugar común de varios defensores acérrimos de la familia sodálite que alegan que quien dice algo malo sobre el SCV y sus miembros es un amargado que expresa su odio contra “una porción” de la Iglesia, que era una de las maneras como Figari llamaba al SCV. Según el congresista Alberto De Belaúnde, esa fue la estrategia del reciente lobby realizado por el SCV en el Congreso de la República para evitar que prospere el primer intento para investigar al SCV, convencieron a varios congresistas —especialmente de Fuerza Popular— de que investigar al SCV era un ataque a la Iglesia Católica.

Nunca pensé que diría algo así, sin embargo, es necesario admitir que lo que hacía Figari cuando “hacía apostolado” era realizar en la mente de la persona un “formateo”, junto al cual establecía ciertos mecanismos de defensa para que la nueva configuración mental no pueda contrastarse con la verdad.

La instalación de estos mecanismos de defensa hacía que el formateo sea muy difícil de quebrar —considerando que todo es posible para la gracia de Dios—. Uno de los “mecanismos de defensa” instalados por Figari en la mente de los sodálites, establece que todo aquel que hace una crítica constructiva o destructiva al SCV se convierte inmediatamente, para ellos y su familia espiritual, en un traidor, que es subjetivo, amargado, no reconciliado, etc. —es decir, por el solo hecho de criticar se convierte en agresor y es descalificado—, entonces no hay posibilidad de cambio ni de contrastarse con la realidad exterior y, de esta manera, se perpetua el abuso de poder de manera indefinida.

Otro mecanismo de defensa que termina de “cerrar” el círculo o coraza protectora del formateo es el que se aplica para los propios sodálites o miembros de la familia espiritual. Este consiste en que todo acto disidente en el pensamiento, sentimiento o acción es una traición al Plan de Dios, por lo cual, quien consciente este tipo de experiencia es un traidor. Muchas veces vi cómo Figari llamó traidor a quien no lo obedecía al pie de la letra o, por algún motivo, obstaculizaba sus planes con demoras u omisiones.

Debo aclarar que quien escribe estas líneas conoce al SCV por 25 años, vivió 18 con el “fundador” y algo sabe del estilo, disciplina y espiritualidad sodálite. Ha escuchado muchísimas críticas a autoridades, fundadores, asociaciones, etc., de la Iglesia por el solo hecho de pensar distinto a él mismo —Figari—, incluso al Papa. Mientras que en público se presentaba como un “super archi Iglesia lover”, en su mente despreciaba a muchos movimientos eclesiales porque no eran como el SCV; algo muy semejante al despectivo “GCU” (gente como uno), que es el rasero por el que pasa quien quiere formar parte de la elite de la sociedad.

Soy testigo que Figari no vivía como un cristiano piadoso y anhelante de la vida eterna. Soy testigo de sus muchas faltas de caridad, frente a las cuales nunca lo vi pedirle perdón a alguien con sinceridad y arrepentimiento luego de haberlo “despedazado” con indignantes insultos y agravios. En pocas palabras, soy testigo de la gran incoherencia de su vida y de cómo exigía a los demás lo que él mismo era incapaz de practicar, como, por ejemplo, hacer una dieta para bajar de peso.

Soy testigo de las burlas y terrible desprecio hacia los homosexuales, cuando —de acuerdo a los varios testimonios presentados hasta ahora— él mantenía relaciones sexuales con personas del mismo sexo y menores de edad, a los cuales abusaba traicionando la confianza a él entregada. Cuántas veces no nos dijo a quienes recién empezábamos a formar parte del SCV que nos harían “la prueba de la harina” para verificar si alguno era homosexual. A cuántos hostigó con la pregunta sobre si era o no homosexual. ¿Qué interés morboso y oculto tendría para tanta obsesión?

Sin embargo, detrás de todo ese falso celo por la pureza y la castidad se ocultaba un abusador, un depredador no solo sexual sino —principalmente, diría yo— de conciencias y libertades, alguien que coleccionaba la inocencia, el pudor y la libertad secuestrada de jóvenes que anhelaban vivir con coherencia y radicalidad el Evangelio. No solo Figari ha sido descubierto en su “oculta” homosexualidad sino otros miembros del SCV que han dejado la institución. ¿Habrá alguno más por ahí con los mismos gustos de Figari?

¿Atacar a la Iglesia? ¿Quién ataca a la Iglesia? ¿No es acaso la concupiscencia de Figari y sus secuaces? Todo el escándalo que causa la inconducta sexual del fundador y otros miembros de la institución que abusaron de tantos jóvenes, eso sí que daña a la Iglesia, eso sí que amarga el corazón y causa un terrible sufrimiento en el Cuerpo Místico de Cristo. La manipulación de las verdades de la fe, el desconocimiento de la justicia, la avaricia, etc., ¡eso sí que daña a la Iglesia!

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