Cobardía

La impunidad por la que pasa Figari y sus encubridores es uno de los escándalos más grandes por los cuales está pasando la Iglesia en el Perú. Conforme pasan los días y la Santa Sede hace oír su silencio, la sociedad toda —creyentes y no creyentes— ve acrecentarse su preocupación e indignación por el caso de un personaje cuyos actos inmorales han sido nefastos para la vida de decenas de jóvenes peruanos, desde los años 70 hasta el 2009, según se tiene evidencia. Casi 40 años durante los cuales Figari dio rienda suelta a sus concupiscencias y bajos instintos, ante la mirada cómplice de sus más cercanos discípulos.

El abuso crece en gravedad en cuanto solo se señala a Figari, ignorando a quienes lo han encubierto y han practicado otros actos inmorales que no solo atentan contra el pudor y la sexualidad humana. El manejo económico, las manipulaciones y chantajes, el desconocimiento de las víctimas y, entre otros, el llevar un dudoso proceso de reparaciones, han hecho más hondo aún el sufrimiento de quienes somos víctimas de esta organización que nace con un propósito digno y santo pero que, al caer en manos de Figari, se transforma progresivamente en una institución que proyecta la mente enferma de quien años después del histórico 8 de diciembre de 1971 —en que se funda “la SCV”— se autoproclama como fundador.

El SCV, desde que Figari asume el poder y desaparecen de la escena Sergio Tapia y el p. Haby, es, en la práctica, una organización creada para cometer actos contrarios al espíritu y la letra del Evangelio, con prácticas disfrazas de un catolicismo conservador y puritano, con el traje del Vaticano II y de las reflexiones de los sumos pontífices del siglo XX, en el marco de una lucha radical contra la teología de la liberación marxista.

Las actitudes del gran pashá del SCV desde que abandonó el poder absoluto a fines del 2010, reflejan una gran capacidad para mentir y negar todo aquello que podría ponerlo en peligro real de ir a la cárcel. Dichas actitudes reflejan el gran temor en el que vive desde hace muchos años. Temor enfermizo de un cobarde, incapaz de asumir la culpa y la pena por los delitos cometidos, aquel que se encerraba cargado de ansiedad a consultar el código penal en búsqueda de mayores luces sobre las que serían sus penas, si la justicia lograra enviarlo a prisión.

Es el mismo Figari que vi salir de Madre del Reconciliador sumido en un pánico extremo cuando era conducido a la clínica, debido a los dolores que sufría y que resultaron ser causados por su vesícula enferma. Un ser que teme a la muerte y a pagar sus crímenes, alguien que sabe que merece castigo y que, a pesar de todo lo que haga, será descubierto.

La Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, como corresponde, pidió a Figari que responda a los cuestionamientos planteados por cientos de personas con las que tuvo contacto esta comisión; sin embargo, este se negó y, junto con el SCV, se esforzó por desprestigiarla.

¿Por qué no hay sodálites que salga a denunciar públicamente los crímenes cometidos por Figari? ¿Por qué no hay sodálites que evidencien a los encubridores y sus actos ilegales? Porque la subcultura sodálite los obliga a pensar que el SCV es una obra del Espíritu Santo y que el “fundador”, a pesar de todo, es un receptor de un carisma divino. Ellos creen que están haciendo todo lo que deben por “ayudar” a las víctimas y confían ciegamente en sus autoridades, cuestionando toda crítica contra ellas.

Como cuando viene una tormenta y se busca protección para no mojarse, los sodálites están replegados cubriéndose para no mojarse; sin embargo, el agua llega por todas partes y aunque aún no los afecte, quienes permanezcan fieles a este falso carisma terminarán empapados y muy afectados espiritual y psicológicamente.

El SCV sigue empeñado en hermosear su vitrina, con nuevas ordenaciones diaconales —por las cuales en 6 meses ordenará nuevos sacerdotes— y profesiones perpetuas. Su esfuerzo mediático a través de las redes sociales es notable y buscan reflejar una gran vitalidad; no obstante, nada de lo denunciado por la Comisión es asumido con auténtico espíritu de humildad y justicia, por lo cual, solo se está preparando una bomba que, tarde o temprano, explotará.

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