Auburu el violento

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Gran discípulo de Figari, conocido en el mundo de las redes digitales por su ferocidad para defender sus puntos de vista sobre la fe y la verdad. Sus detractores reconocen en él a un maestro de los calificativos ad hominem y de la invención de metáforas con el mundo animal para “destacar” los defectos de sus contrincantes. Sin embargo, este polémico personaje tiene muchos seguidores, que identifican en él a un aguerrido defensor de la Iglesia. Para otros, con un poco más de cultura y conocimiento de la doctrina cristiana, Auburu es alguien a quien le dirían “mejor no me defiendas”.

¡Abá! le decía a Figari (se puede traducir por “papito”), mostrándole su lealtad inquebrantable, la cual evidenció en diversos momentos de la historia del SCV. Por ejemplo, en la última elección de superior general (durante la última asamblea general, hace casi 6 años), hizo todo lo que pudo para que se cumpla la voluntad del fundador y fuera elegido Earava; sin embargo, como saben, los súbditos se resistieron y eligieron a Semelle. Tengan en cuenta que para ese momento Figari ya había aceptado ante sus discípulos “más amados” la veracidad del testimonio de abuso sexual de quien en Mitad monjes, mitad soldados es nombrado bajo el seudónimo de Santiago.

Por lo cual, el grupete de discípulos, nada despreciable en número y absolutamente considerable en cuanto a poder en la institución, a pesar de saber que Figari era culpable de serios abusos sexuales (por los cuales, normalmente en el Perú muchos son juzgados y encarcelados), decidieron encubrir sus delitos y proceder a apoyarlo en cuanto a su elección de sucesor. Este evento pinta de cuerpo entero a estos personajes y evidencia que la fidelidad y la lealtad era, antes que nada, al maestro; no a Jesucristo, ni a la Iglesia, ni al Papa, sino a Figari.

Los autores de Mitad monjes, mitad soldados sufrieron durante los años que tardó la preparación de este trabajo de investigación, según ellos me han expresado, constantes ataques por parte del SCV y uno de los esbirros más importantes en estos era Auburu, quien no tuvo escrúpulo alguno en incluso atacar a la familia de uno de los periodistas autores de este revelador libro.

Este personaje carece de una preparación teológica suficiente como para ejercer la labor apologética que se atribuye, en nombre y a semejanza de Jesucristo, y a eso se deben sus numerosos traspiés en sus escritos y mensajes propagados por las redes; a tal punto y con tanta frecuencia sucedían estos “resbalones” que muchos miembros del SCV y de su “familia” espiritual dejaron de seguirlo y escucharlo, para evitar escandalizarse o, simplemente, porque dudaban de la veracidad de sus argumentos y datos.

Earava lleva ya algunos años viviendo en el imperio del norte, junto a Auburu y algunos pocos más pues, muchos de los aprendices que vivían en aquel lugar abandonaron la institución, entre otras cosas, escandalizados por el testimonio de estos terribles discípulos.

Era una regla implícita en cualquier comunidad en la que viviera Auburu que no había que meterse con él porque podría lastimarte. Era temido y su amplio “espacio vital” muy respetado. Horarios diferentes, comida distinta, viajes frecuentes, tecnología especial, mucha influencia y amistades en la jerarquía eclesial y en medios de comunicación de todo tipo, este personaje era único y solitario en su soberbia individualidad, en su autosuficiente ego con el que, en nombre de la Iglesia, atropella a quien se le ponga en frente, ignorando la caridad y sin parecer saber de qué se trata aquello de empatía.

Conocido por muchas cosas intrascendentes desde las innumerables papeletas de tránsito recibidas, los choques y las grescas en las redes, hasta las dietas y el buen gusto en el comer; pero también reconocido por las cosas importantes que he pretendido esbozar aquí. En su estado “friendly“, es decir, el que muestra frente a los dignatarios y “amigos”, es un dulce caramelo, histriónico y muy divertido, bondadoso, generoso, hasta espiritual y profundo. Sin embargo, como dije antes, si te cruzas en su camino te aplasta con toda su inmensa humanidad como a una cucaracha.

Yo no puedo quejarme en cuanto a la manera como me trató, no sé el motivo, si fuera mi cercanía al fundador o simplemente mi “buena vibra”, pero yo fui de los que pudo apreciar bondad y generosidad desde que lo conocí, hace más de 25 años. Sin embargo, a la luz de la verdad, he de reconocer que lo dicho sobre él aquí es verdadero.

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