Acento del SCV: ¿la familia?

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En los casi 30 años que conozco al SCV he visto muy poco este acento que el fundador incluyó, sumándolo a los de jóvenes, pobres y cultura, De lo que sí puedo dar fe es de muchos hogares desunidos, padres que sufrieron el alejamiento físico y afectivo de los hijos, que aprendieron que para tener alguna cercanía con ellos lo mejor era claudicar a sus juicios sobre la realidad y, específicamente, sobre el SCV, de manera que sus hijos no los perciban como amenaza y no se alejen más de ellos.

Para quienes vivimos como sirvientes de Figari, la frecuencia con la que veíamos a nuestras familias era muy restringida y, en mi caso en particular, aún más porque Ioboeo me ponía muchas trabas para poder visitarlos sin justificación alguna.

Aunque, la verdad, en muchas ocasiones el principal obstáculo para relacionarnos con nuestra familia con mayor fluidez estaba en nosotros mismos y en la manera como los habíamos segregado por años. Una de las primeras enseñanzas sodálites estaba referida a la “aceptación” de que tu familia era un desastre y que nada bueno podías esperar de ellos, por lo cual, debías pensar y actuar de manera independiente sin dejarte influenciar por lo que piensan tus padres. Es más, era hasta un buen signo ir en contra del pensamiento de los padres, signo de libertad.

Lo cierto es que los padres nunca son “tan malos” como los pintaba el instructor o animador, ni “tan buenos” como podía pensar uno mismo. Son tan humanos como nosotros mismos y como tales merecen, además de amor, comprensión y escucha. Fueron pocas las familias que se integraron de alguna manera a la comunidad sodálite. Creo yo, entre otras cosas, porque la visión del matrimonio nunca pareció estar clara para Figari a pesar de que los casados estaban incluidos en el primer proyecto de SCV que reflejaba el ideario sodálite llamado “Libro Azul” que, en un momento de la historia, se ordenó requisar y desaparecer.

Son tan escasos los episodios en que una familia fuera cercana a la comunidad de Figari que recuerdo claramente quiénes fueron de visita a la casa: una familia de adherentes que viven en EEUU visitaba a Figari cada cierto tiempo cuando venían al Perú, la madre de un sodálite chileno —ella era importante política en el país del sur— y aprovechando que Figari estaba lejos visitaron la comunidad los padres de uno de los sirvientes más fieles del fundador.

Al abandonar el SCV tuve que empezar un proceso de readaptación a la realidad familiar, proceso que dura años por cierto y que aún no concluye. El haberse alejado de la familia a una edad tan temprana, cuando la rebelión adolescente anhela independencia total, dificulta aún más formarse una correcta comprensión de la familia y valorar los vínculos que en ella se dan. Pero, además, el haber recibido un bombardeo de críticas hacia los fundamentos mismos de la familia durante tantos años —21 en mi caso— también es una tara con la cual luchar.

Por otro lado, esta comprensión y tratamiento de la familia, más allá de haber sido parte de una estrategia de adoctrinamiento aplicada por Figari a sus discípulos y enseñada por ellos a los demás súbditos, es reflejo de la experiencia familiar del propio Figari que, a pesar de haber referido maravillas de sus padres Alberto y Blanca —quienes deben haber sido muy buenas personas—, debe haber experimentado mucha lejanía con respecto a ellos. Por lo menos, es así como parece haber sido, además de la actitud de rechazo transmitida por el fundador hacia los padres, por los relatos recogidos de quienes conocieron a Figari durante su época escolar y universitaria. Se le describe como una persona autosuficiente y solitaria.

El propio Figari se mostraba muy distante cuando estaba con su familia, no bajaba la guardia y transpiraba superioridad. No mostraba afinidad y mucho menos algún afecto. Usualmente, parecía más una visita protocolar que familiar. Él era mucho más familiar con sus sirvientes que con su familia consanguínea.

¡Qué triste es ver con indiferencia a la propia familia! Hoy puedo notar eso y procurar mejorar mi relación familiar día a día, aunque cuesta, el “virus Figari” es duro de eliminar.

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