A los 40 años del SCV

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El 8 diciembre de 2011, Figari, el “fundador” y exsuperior general envía un mensaje, un saludo de aniversario a toda la “familia” espiritual. Inicia su mensaje afirmando que:

Un 8 de diciembre, día como hoy, en que la Iglesia toda celebra ese gran don de Dios que es la Inmaculada Concepción de María Virgen, surgía por obra del Espíritu Santo, un grupo que ansiaba conocer y honrar a Santa María, y colaborar con ella en la evangelización de la humanidad, según el espíritu que con maravilla se lee en la Lumen gentium.

¿Qué nos puede llamar la atención en el inicio de este mensajee? Que Figari no menciona en absoluto detalles fundamentales como que la espiritualidad no nace de la constitución dogmática Lumen gentium (Concilio Vaticano II, 1962-1965) sino de Guillermo Chaminade (1761-1850), fundador de los marianistas. No se trata de un simple error histórico sino un deliberado desconocimiento de las fuentes de la “espiritualidad” sodálite, la cual no existe en cuanto tal sino en cuanto una concreción para el Perú de la espiritualidad de Chaminade.

Luego de algunos años de la fundación de la SCV, por Sototo, el p. Haby y Figari, se aplicarán las enseñanzas del Vaticano II. La SCV no nace del Concilio como pretende sostener Figari, sino de un sacerdote francés que vivió entre los siglos XVIII y XIX. Por eso, al inicio de la SCV se habla de Chaminade como un “adelantado” en su época, porque se considera que sus ideas pueden aplicarse a la época en que nace esta asociación de fieles.

Figari no solo agregaría al cóctel de la ideología sodálite que él reinventa —desde sus orígenes marianistas— los documentos del Vaticano II, sino también sus conocimientos esotéricos y sus fantasías de ciencia ficción, además de su predilección por la falange española, sus himnos y disciplina militar —aplicada a los súbditos pues él no hubiese soportado una semana en una comunidad de formación de San Bartolo—.

Aquel 8 de diciembre de 2011 no solo se conmemoraban 40 años de la fundación de la SCV sino un poco más de un año desde su renuncia por “motivos de salud”. Lo que se agravó en él fue su salud mental, luego de ser “renunciado” al puesto de superior general, pues entró en una fuerte depresión, mientras maquinaba su silenciosa retirada —habría que añadir “suntuosa” y “cómoda”—.

Sin embargo, Figari durante los años 90 era reacio a asumir el reconocimiento como “fundador” y no se expresaba en público sobre los orígenes del SCV. Alguna vez buscó a Sototo y conversó con él en Camacho, pero todo lo que rodeaba los años 70 en la historia de la institución, estaba envuelto en oscuro manto de misterio y silencio. A pesar de lo cual, algunos sí escuchamos al “fundador” sus disquisiciones sobre lo sucedido en aquel tiempo, y de cómo el año 1971 no podía considerarse propiamente como el de la fundación sino tan solo como un “hito” importante en el “proceso de fundación”, no establecía una fecha real para la fundación.

La oscuridad y misterio que rodeaban los inicios de la SCV encuentran justificación en que lo sucedido en estos años evidenciaría el rol secundario de Figari con respecto al surgimiento de la asociación, además de la espiritualidad originaria. Curiosamente Figari haría lo que hicieron los marianistas con Chaminade, ocultarlo y desconocerlo, y, paradójicamente, es los que hace Semelle y sus “amigotes” de la cúpula de poder con Figari.

Con maravilla por las maneras del actuar divino y con no menor gratitud hemos sido testigos del surgir en el seno de la Iglesia de una obra de Dios. Hemos visto con asombro cómo desde el impulso y la fuerza del Altísimo en torno a esa pequeñísima semilla bautizada como Sodalitium Christianae Vitae ha nacido una nueva familia espiritual en la Iglesia.

El descaro de Figari es grande y su facilidad para el engaño es colosal. Cuando afirma la eclesialidad del SCV y su carácter de “obra de Dios” tan solo algunos meses después de haberse visto forzado a cerrar el proceso de beatificación de Godoko ante la evidencia de graves motivos morales —que el propio Figari le ocultó al SCV y a la Iglesia entera con el mayor descaro que se pueda uno imaginar—. Luego afirma con el mismo desparpajo que con el SCV nació “una nueva familia espiritual”, ¿nueva?, ¡no!, renació la espiritualidad marianista y fue el mismo Figari quien la adulteró a su gusto, quitándole el barniz sagrado que la hace ser un carisma y no una “ideología cristiana”, que es en lo que se convirtió la SCV del padre Haby.

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